Remigio Orellana, miembro de la Microempresa Asociativa de Guardaparques para la Conservación de la Naturaleza y promotor ambiental del Programa Don Oso de la Fundación Cordillera Tropical (FCT)

Entrevista por Yessenia Soto, Rainforest Alliance

“Al principio, algunos propietarios no nos veían bien, no les gustaba que anduviéramos en sus terrenos, no entendían qué tienen que ver sus plantas y árboles con nuestro trabajo y nos decían que qué importa un oso más o un oso menos”.

Foto por FCT, The Nelson Institute for Environmental Studies y el Carnivore Coexistence Lab

Cada día, a las ocho de la mañana, Remigio Orellana sale de su casa para recorrer una fracción del Parque Nacional de Sangay, una de las áreas protegidas con mayor biodiversidad del Ecuador.  Él  revisa que su GPS y sus cámaras estén cargados, lleva los mapas de su ruta, el almuerzo del día y los ojos bien abiertos para observar cualquier delito contra la naturaleza.

Su recorrido diario abarca entre nueve y 12 km en la zona sur del parque, la cual  es un hábitat clave para el oso andino u oso de anteojos (Tremarctos ornatus), cuya población disminuye por culpa de la deforestación, el mal uso de los pastizales, la caza y los conflictos entre los osos y los humanos.

Foto por FCT

Remigio Orellana

Orellana es parte de un grupo de diez habitantes locales que colaboran con el Programa Don Oso, un proyecto de la Universidad de Wisconsin-Madison y la ONG local Fundación Cordillera Tropical (FCT), establecido en el 2002 para proteger al oso de anteojos. El programa incluye actividades de educación y concientización ambiental, investigación científica, intervenciones para reducir los conflictos entre humanos y la vida silvestre, y el desarrollo de capacidades locales.

En el 2009, FCT reclutó a Remigio y a sus nueve compañeros para capacitarlos en áreas como monitoreo de especies, cartografía, manejo de equipo técnico y educación ambiental. El grupo, que representa a siete comunidades indígenas y mestizas, ha capacitado a unos 55 profesores, ha impartido charlas ambientales sobre el oso de anteojos a cientos de niños locales en la lengua quichua y participa en investigaciones de campo sobre la especie.

Hablamos con Orellana sobre la aventura del grupo como promotores ambientales.

Pregunta: ¿Cómo se involucró en el Programa Don Oso?

Orellana: Antes de participar en el programa, yo trabajé por dos años apoyando proyectos de conservación y estudios de mitigación e impacto ambiental con otros biólogos que conocía. Esto es algo que siempre me gustó  hacer, entonces no dudé en participar cuando la FCT estaba reclutando gente.

P: ¿Ya tenía preparación o educación formal en tareas de investigación científica y conservación?

Orellana: Yo tengo solo segundo año de colegio. Aprendí a hacer tareas de monitoreo, usar equipos y promoción ambiental gracias a la autoeducación, al trabajo en el campo y a la capacitación que nos dio la fundación inicialmente. Mis compañeros también tienen solo educación primaria o unos años de secundaria, pero eso nunca ha sido un problema. En este tipo de trabajo no todo es teoría ni técnica; se necesitan muchos conocimientos que la gente del campo maneja hasta mejor que los profesionales. Por ejemplo, los investigadores pueden venir con tecnología y su GPS pero no conocen la topografía, la zona o el clima igual que un residente local. Sabemos cómo prepararnos para ir al campo, conocemos los nombres comunes de los animales y las plantas y sabemos dónde encontrarlos. Lo más importante en esto es la colaboración entre los profesionales y los locales, porque aprendemos uno del otro.

Foto por FCT

P: ¿En qué consiste su trabajo para  la FCT?

Orellana: Ayudamos en monitoreo con cámaras trampa en el Parque Nacional Sangay, que sirve para saber cuántos osos de anteojos hay y conocer su conducta. También participamos en el programa de educación Don Oso, visitando escuelas aledañas al parque para capacitar maestros y explicarle a los niños que el oso no es un enemigo sino que más bien aporta mucho a la naturaleza, por ejemplo, esparce semillas y abre claros en el bosque que ayudan a que las semillas germinen. Además les explicamos que debemos respetar su hábitat. Otra parte de nuestro trabajo es guiar a las comunidades para que disminuyan las actividades que deterioran el hábitat del oso, como la deforestación y el pastoreo.

P: ¿Ha sido difícil el trabajo con las comunidades?

Orellana: Sí, bastante. La zona sur del parque no era parte del área protegida hasta 1992, por lo que hay muchas propiedades privadas. Al principio, algunos propietarios no nos veían bien, no les gustaba que anduviéramos en sus terrenos, no entendían qué tienen que ver sus plantas y árboles con nuestro trabajo y nos decían que qué importa un oso más o un oso menos. Ha sido difícil hacerlos entender que todo es una cadena y que aparte del oso estamos protegiendo otras especies que viven en el bosque. Poco a poco, hemos avanzamos en dar a conocer y aplicar las leyes ambientales para evitar la caza y la tala indiscriminada. Les  hemos enseñado alternativas de pastoreo y creado corrales para prevenir los ataques del oso al ganado. También les explicamos que somos nosotros quienes invadimos el hábitat del oso.

P: ¿Cuáles cambios han visto en los residentes locales?

Orellana: Una importante disminución en la deforestación para hacer carbón y sacar madera. ¡Ahora, más y más gente nos pide opinión y hasta permiso antes de tirar un árbol! En esos casos les explicamos que no otorgamos permisos y los guiamos para que acudan a las autoridades respectivas. Además, las quemas han disminuido quizá en un 90%.

Foto por FCT

El Programa Don Oso visita escuelas locales.

P: ¿Qué ha sido lo más difícil de cambiar?

Orellana: Quizá el pastoreo en los páramos. El problema es que este pasto es una importante fuente de alimento para el oso, por eso buscamos opciones para hacer un mejor manejo de los pastizales, como sembrar otros tipos de pastos y rotar las zonas de pastoreo. También promovemos programas del gobierno como implementar huertos familiares que provean alternativas económicas a la ganadería.

P: Usted y sus colegas lanzaron la Microempresa Asociativa de Guardaparques para la Conservación de la Naturaleza. ¿Cómo nació esta organización y qué servicios ofrece?

Orellana: Nació como una iniciativa independiente de los 10 promotores ambientales que nos formamos gracias a la FCT. Hace dos años decidimos formar esta empresita para vender servicios a grupos que quieren conservar el medio ambiente. Por ejemplo, trabajamos con agencias del gobierno como la Corporación Eléctrica del Ecuador, la empresa de telecomunicaciones ETAPA y la Empresa Pública Municipal de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento Ambiental del cantón Azogues. Actualmente ya somos 15 promotores ambientales y cubrimos 34.000 ha en sietes zonas protegidas. Nuestra meta es expandirnos a 50.000 ha durante los tres años de duración del convenio con las empresas.

P: El Fondo de la Conservación Mundial de Disney  les otorgó recientemente el premio internacional “Héroes de la conservación”, ¡felicidades! ¿Se imaginaron que algún día podrían recibir un reconocimiento tan prestigioso como este?

Orellana: ¡No, jamás! Uno espera que se reconozcan los esfuerzos hechos localmente pero nunca esperábamos esto. ¡Todo fue una sorpresa! La FCT nos invitó a una ceremonia en el cantón de Azogues y asistimos sin sospechar nada. Fue ahí donde nos dijeron que fuimos declarados como “Héroes de la Conservación”.

Foto por FCT

P: ¿Qué significó este premio para el grupo?

Orellana: Nos ha motivado para trabajar con más ahínco y seguir avanzando. Además, recibimos un premio económico que invertimos en nuestra microempresa.

P: ¿Cuáles son sus metas para los próximos años?

Orellana: Queremos seguir trabajando duro con el Programa Don Oso y conseguir algún día la designación de un área protegida para conservar el hábitat del oso, una  tierra que nadie pueda tocar. Como microempresarios, queremos darnos a conocer en el mundo como la primera empresa de promotores ambientales. Queremos ser un ejemplo de que la responsabilidad de cuidar la naturaleza no es solo del gobierno, sino que se pueden hacer microempresas como la nuestra para cuidar nuestras riquezas únicas.  Y a mí me gustaría terminar mi bachillerato y poder ir a la universidad para aprender más de conservación.

Encuentre más información de este proyecto en el Eco-Index

Foto por FCT, The Nelson Institute for Environmental Studies y el Carnivore Coexistence Lab

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