Entrevista con Verónica Cáceres Chamorro, Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas.

Realizada por Yessenia Soto, Rainforest Alliance

“Debemos enseñar a los pescadores cómo pueden ayudar a salvar las tortugas marinas y explicarles que un océano saludable, donde pueden coexistir las tortugas y el hombre, beneficiará a los peces de importancia comercial que son la base de su subsistencia”.

STortuga - Foto por RP van Damegún la Lista Roja de Especies en Peligro de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), las seis especies de tortugas marinas encontradas en las aguas de América están amenazadas por la destrucción de sus hábitats de anidación o de alimentación, por la captura directa y la extracción de sus huevos y por la pesca incidental. De esas especies, la tortuga baula (Dermochelys coriacea), la carey (Eretmochelys imbricate) y la tortuga golfina o lora (Lepidochelys kempii) están en peligro crítico.

La Convención Interamericana para la Protección y Conservación de las Tortugas Marinas (CIT) es una coalición intergubernamental de 15 países que provee el marco legal para que sus miembros ejecuten acciones para conservar las tortugas marinas. Verónica Cáceres Chamorro, secretaria pro tempore de la Convención, habló con nosotros sobre las amenazas que enfrentan las tortugas marinas, el trabajo que realiza la Convención para salvarlas y sus retos y logros.

Pregunta: ¿Por qué se creó la Convención?

Cáceres: La convención nació como respuesta a un alarmante declive de las poblaciones tortugas marinas. Luego de reconocer que las tortugas marinas son un recurso compartido, ya que en su ciclo de vida y sus migraciones utilizan aguas y costas de diferentes países, y que existen amenazas regionales para su conservación, en 1994 se iniciaron negociaciones para establecer un acuerdo intergubernamental vinculante para asegurar la permanencia de estas especies. La Convención fue ratificada por ocho países en el 2001. Actualmente contamos con 15 países y proveemos el marco legal para que elaboren y mantengan una agenda de conservación y que lleven a cabo acciones concretas, armónicas y más efectivas para recuperar las poblaciones de tortugas marinas de las Américas.

CITP: ¿Cuáles son los objetivos de la Convención?

Cáceres: Nuestro objetivo principal es promover la protección, la conservación y recuperación de las poblaciones de tortugas y de sus hábitats. Para esto nos basamos en mejor evidencia científica disponible y tomamos en cuenta las características ambientales, socioeconómicas y culturales de cada país miembro, respetando cómo cada uno implementa las acciones de conservación al mismo tiempo que proyectamos como un esfuerzo regional.

P: ¿Cuáles son sus áreas de trabajo?

Cáceres: Promovemos las negociaciones y el diálogo entre los sectores ambiental, pesquero y privado, las autoridades gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales, y otros actores involucrados en la búsqueda de soluciones viables para recuperar y conservar las poblaciones de tortugas marinas. Estimulamos la investigación científica orientada a la recuperación poblaciones en peligro y buscamos estandarizar toda la información de tortugas colectada en cada país, para poder medir el estado real de las poblaciones. Con esta información científica se emiten recomendaciones a los países miembros sobre cómo mejorar la implementación de los objetivos y de las resoluciones de la Convención. Además, trabajamos con los comités científico y consultivo para mantener a las tortugas marinas en la agenda política de los gobiernos.

P: ¿Cuáles son las principales amenazas que enfrentan las tortugas marinas?

Cáceres: Uno de los problemas más serios es la pesca incidental, por lo que estamos enfocando esfuerzos en solicitar a los países que trabajen con la industria pesquera para mitigar esta amenaza. Otros riesgos incluyen la degradación de los hábitats en las playas de anidación de las tortugas. La amenaza más reciente es el cambio climático; con el aumento de la temperatura de la arena en las playas de anidación se afectará la composición de las poblaciones de tortugas, ya que la temperatura es el factor que incide en que el embrión se convierta en un macho o una hembra. El cambio climático también resulta en la pérdida de nidos por erosión y en menor disponibilidad de plantas marinas que las tortugas requieren para alimentarse. Otras amenazas humanas son la captura de tortugas para consumir su carne y elaborar joyería de su caparazón, y la extracción de huevos de tortuga de sus nidos para consumo humano.

CáceresP: ¿Qué están haciendo para resolver el problema de pesca incidental?

Cáceres: Estamos abriendo un diálogo constructivo. Tenemos el privilegio de ser invitados a las reuniones de los convenios pesqueros y de las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero, oportunidad que aprovechamos para exponerles la situación de peligro de extinción que viven las tortugas y para dar recomendaciones sobre cómo podemos trabajar juntos en la disminución de la captura incidental de tortugas. Con este fin, hemos establecido acuerdos de entendimiento con actores clave como la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), la Organización Latinoamericana de Desarrollo Pesquero (OLDEPESCA) y la Comisión Permanente del Pacífico Sur.

P: ¿Cómo responde la industria a la información sobre el estado crítico de las tortugas, el impacto negativo de sus embarcaciones y a sus recomendaciones?

Cáceres: Todavía hablamos con pescadores que nos dicen “nosotros no pescamos tortugas, ya ni las vemos”. Pero cuando les pedimos que piensen si es que ya no ven tortugas porque ellas dejaron de pegarse a los anzuelos o más bien porque hay menos tortugas en el mar, ellos reflexionan y dialogan con nosotros en lugar de confrontarnos. Estamos convencidos de que podemos avanzar de forma conciliadora si incluimos al sector pesquero en todas las negociaciones y si les damos recomendaciones que tomen en cuenta su propios medios de vida. Debemos enseñarles a los pescadores cómo pueden ayudar a salvar las tortugas marinas y explicarles que un océano saludable, donde pueden coexistir las tortugas y el hombre, beneficiará a los peces de importancia comercial que son la base de su subsistencia.

P: Además del trabajo con el sector pesquero, ¿cómo trabajan con los países miembros y el público general?

Cáceres: Instamos a nuestros puntos focales en los países, como ministerios de ambiente y cancillerías, a divulgar nuestras actividades y reuniones; tenemos una página web y un boletín digital de noticias que se les envía para que lo divulguen entre la red nacional de tortugas marinas, entre ONG y otros actores involucrados. También participamos en el Simposio Anual de Biología y Conservación de las Tortugas Marinas, que es el evento más importante para los actores de la conservación de la tortuga marina. Además, firmamos memorandos de cooperación con otras convenciones que dan visibilidad y apoyan la conservación de la tortuga, como la Convención de CITES y el Protocolo Relativo a las Áreas y Vida Silvestre Especialmente Protegidas (SPAW, por sus siglas en inglés), y actualmente negociamos con la Convención RAMSAR sobre los Humedales de Importancia Mundial. Para llegar al público general promovemos, por ejemplo, actividades como la celebración del Día Mundial de la Tortuga Marina, el 16 de junio.

P: El recién celebrado 32 Simposio Internacional sobre Tortugas Marinas estaba enfocado en las nuevas técnicas, enfoques y actores de la conservación de tortugas marinas. ¿Cuáles son ejemplos de estos nuevos elementos?

Tortugas - Foto por RP van DamCáceres: Se trata de innovaciones tecnológicas como la telemetría satelital, la cual permite conocer la extensión de las migraciones de las tortugas y entender sus necesidades de protección en los distintos hábitats. Por ejemplo, sabíamos que la tortuga carey se alimenta comúnmente en los arrecifes de coral, pero gracias a estos marcadores nos dimos cuenta de que las poblaciones del Pacífico Oriental entran a los esteros y manglares a poner huevos y, por lo tanto, esos son hábitats importantes para su conservación. También están las novedades en el estudio genético de las poblaciones de tortugas y en los dispositivos de pesca, como los anzuelos circulares y el uso de ciertas luces en las líneas de palangre para disminuir la captura incidental. Otro nuevo acercamiento es incluir a las comunidades costeras, hoteles, tour operadores y a los mismos pescadores en la conservación de estas especies, por ejemplo, brindando lineamientos para el ecoturismo que involucra a las tortugas marinas y recomendaciones claves como el tipo de iluminación que pueden utilizar los hoteles cercanos a playas de anidación para causar un menor impacto y no desorientar a las hembras anidadoras y a los tortuguillos.

P: ¿Cuáles son algunos de los mayores logros que la Convención ha obtenido?

Cáceres: Logramos el apoyo voluntario de muchos expertos que trabajan en instituciones gubernamentales de varios países, quienes conforman nuestro comité científico y consultivo y que producen, junto al sector ONG, los documentos técnicos y las recomendaciones que extendemos a los países miembros. Firmamos un número importante de acuerdos con otras convenciones y organizaciones pesqueras, logrando así fortalecernos y demostrar que mantenemos un diálogo amistoso y de colaboración con los diferentes sectores para identificar soluciones. Sin duda, es un éxito que la mayoría de los países parte de la CIT tienen o están elaborando sus planes nacionales de acción para la conservación de tortugas marinas y que con ayuda de la CIT están estableciendo áreas marinas y playas protegidas para la anidación de estos animales y que están realizando avances en la investigación científica, campañas de educación ambiental y nuevas legislaciones que regulan o prohíben el uso de ciertos artes de pesca, como las redes de arrastre y agallaras, en hábitats críticos. Y hemos logrado contar con un número creciente de países interesados en unirse a la CIT y apoyar la conservación regional de estas especies.

P: ¿Cuáles son las metas futuras de la Convención?

Cáceres: Queremos fortalecer la Convención al aumentar el número de países miembros y, específicamente, de los países del Caribe. Debemos consolidar actividades conjuntas y firmar más acuerdos de entendimiento y cooperación con otras organizaciones y convenciones relevantes, así como acercarnos más a las organizaciones regionales de ordenamiento pesquero para trabajar juntos sin duplicar esfuerzos. Continuaremos elaborando documentos técnicos para aconsejar a los países miembros, según sus condiciones, en la implementación de los objetivos de la convención y lograr que la información científica se utilice en la toma de decisiones políticas vinculantes. También necesitamos atender la situación de crisis de la tortuga baula del Pacífico Oriental y la tortuga carey, que están críticamente amenazadas, e impedir a tiempo el detrimento de las poblaciones de las otras especies.

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