Científicos en Panamá se acercan a la cura contra la enfermedad que aniquila anfibios

Por Yessenia Soto

Foto por Amphibian Rescue ProjectLas instalaciones del Smithsonian Tropical Research Institute de Panamá son hogar de preciadas colecciones de especies de anfibios en peligro de extinción que, dentro de unos años, podrían ser los únicos sobrevivientes de su tipo. Estos anfibios conviven entre biólogos y científicos que buscan con urgencia la manera de reproducirlos en cautiverio y mantenerlos libres de una enfermedad que los está arrasando en su medio silvestre.

En la década 1930, la rana africana de uñas (Xenopus laevis) empezó a ser trasladada a casi todo el mundo para ser utilizada en pruebas de embarazo y otros experimentos en laboratorios. La devastadora consecuencia fue que esta rana trajo consigo un hongo quitridio llamado Batrachochytrium dendrobatidis, el cual genera en los anfibios la letal y altamente infecciosa enfermedad llamada quitridiomicosis.

Rápidamente, el hongo se diseminó en Norte, Centro y Suramérica, Europa y Australia. En la actualidad, se considera la principal causa de la extinción de más de 120 especies de anfibios desde 1980, el mayor declive ocurrido entre todas las especies de fauna.

“Cuando un anfibio se contagia con el hongo tiene dos opciones: morir o sobrevivir. Pero los que sobreviven quedan infectados y contagian a otros individuos”, explica Brian Gratwicke, biólogo del Smithsonian Conservation Biology Institute y coordinador internacional del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá.

Panamá fue el último país de Centroamérica atacado por el hongo. Su presencia se registró en 1996, pero en ese momento no se tomaron acciones debido a que aún no era claro que el hongo era la causa del declive en las poblaciones de anfibios. Una vez que se esparció, desató una alarma inmediata debido a que el país es un sitio caliente de biodiversidad de anfibios, que alberga más de 200 especies. Se calcula que el hongo se desplaza a una velocidad de 30 km por año, diezmando la mayoría de poblaciones de anfibios a su paso. Un grupo de 25 a 50 especies del este del país están en alto riesgo de extinción.

Foto por Amphibian Rescue ProjectComo respuesta a esta amenaza, Gratwicke y su equipo empezaron a trabajar en el 2009 para minimizar la pérdida de anfibios en peligro de extinción, al mismo tiempo que persiguen la ambiciosa meta de encontrar la cura para la quitridiomicosis.

La iniciativa tiene el apoyo de organizaciones como el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos, el Africam Safari Park (México), Defenders of Wildlife y varios zoológicos.

Hasta ahora, la principal herramienta que han entrado estos científicos para combatir la pérdida de especies causada por el hongo quitridio es establecer colonias de aseguramiento que se espera salven poblaciones locales de anfibios de la extinción. Este esfuerzo ha sido liderado por la iniciativa Arca de los Anfibios promovida por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Para establecer estas colonias de aseguramiento, aclara Gratwicke, los especialistas realizan expediciones de rescate donde recolectan individuos de especies amenazadas. Para cada especie se deben recoger al menos 40 individuos fundadores silvestres y sin relación para asegurar su integridad genética. Luego son reproducidos en cautiverio y se mantienen aislados para que estén libres del riesgo de contraer la enfermedad. La meta a largo plazo es poder reintroducirlos en su medio silvestre cuando exista una cura.

Foto por Amphibian Rescue Project
Roberto Ibáñez, el director del proyecto en Panamá, explica que el equipo espera poder preservar al menos 20 especies de anfibios mediante las colonias de aseguramiento, convirtiendo al proyecto en el esfuerzo más ambicioso que se realiza actualmente en América Latina para la conservación de anfibios amenazados. Hasta el momento, el grupo ha logrado crear colonias de aseguramiento para seis especies (Atelopus certus, Atelopus glyphus, Gastrotheca cornuta, Hemiphractus fasciatus, Strabomantis bufoniformis y Anotheca spinosa).

Según Ibáñez, el mayor reto ha sido encontrar esos 40 individuos fundadores para establecer cada colonia. Por ejemplo, en un caso se logró encontrar sólo cuatro individuos de una especie, los cuales no pueden reproducirse así ya que se crearía una población de escasa variabilidad genética. Otro desafío es lograr reproducir los anfibios en números suficientes para mantener poblaciones estables.

Paralelo a estos esfuerzos, otra parte del equipo realiza investigaciones y pruebas en laboratorio para encontrar la cura para la quitridiomicosis. Se ha experimentado con una bacteria descubierta por investigadores de la Universidad de James Madison en Estados Unidos, la cual produce químicos antimicóticos que inhiben el hongo. Las pruebas consisten en darles una dosis de esta bacteria a anfibios infectados, la cual debería crecer en la piel y alejar el hongo. La bacteria ha servido con algunas especies de anfibios en Estado Unidos, dice Gratwicke, pero no funcionó durante el primer experimento que se realizó con la rana dorada de Panamá (Atelopus zeteki). El proyecto actualmente hace un segundo intento con una bacteria panameña que demostró inhibir el hongo, ahora solo debe lograrse que crezca en la piel de la rana. Si tienen éxito, podrían estar a las puertas de encontrar la cura.

“Si encontramos la cura nuestro proyecto tendría una enorme repercusión en el mundo”, asegura Gratwicke. “Si no lo logramos, igual habremos triunfado al lograr toda la atención que se atrajo hacia esta crisis, se habrá validado la idea del Arca de los Anfibios con el éxito en la creación de las colonias de aseguramiento y quedará toda la invaluable capacidad local que se construyó en Panamá”.

Foto por Amphibian Rescue ProjectGracias al proyecto, el Gobierno de Panamá aprobó leyes que reconocen el declive de las poblaciones de anfibios y la importancia de tomar acciones. Además, se espera que la Autoridad Nacional del Ambiente de Panamá (ANAM) publique pronto un plan nacional de conservación de anfibios que incorpora mucho del trabajo hecho bajo esta iniciativa.

Otro gran logro es el establecimiento del Día de la Rana Dorada, celebrado oficialmente por primera vez el 14 de agosto del 2011, con la participación unas quinientas personas. El proyecto también ha creado conciencia sobre la crisis del hongo quitridio entre el público general, mediante una comunidad en línea que tiene miles de seguidores en Facebook y Twitter. Además, el proyecto ha recibido 70 voluntarios locales e internacionales.

De encontrarse la cura, todos los anfibios cautivos podrían ser liberados a su medio natural, restableciendo paulatinamente las poblaciones que el hongo ha afectado. Si la cura no se encuentra todavía, seguirán mantenidos en espera de nuevos hallazgos en el Smithsonian Institute, donde las edificaciones están siendo ampliadas y más contenedores llegarán para dar abasto con la cantidad de individuos que se deben rescatar y con la meta de reproducirlos.

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