Fortaleciendo el turismo comunitario en la Amazonía ecuatoriana

Por David Dudenhoefer

Al igual que el bosque lluvioso que habitan, los pueblos indígenas de la Amazonía ecuatoriana enfrentan una variedad de amenazas que incluyen la tala ilegal, la agricultura a gran escala y la explotación petrolera. A lo largo de la última década, casi una docena de comunidades indígenas en las provincias amazónicas del país se han enfocado en el turismo como una forma de ganar dinero y conservar sus territorios, convirtiendo a esa nación suramericana en un líder del ecoturismo comunitario.

Napo Wildlife CenterEl creciente número de comunidades indígenas que han abierto albergues está inspirado en sitios como el Napo Wildlife Center (Centro de Vida Silvestre de Napo), que pertenece a la comunidad amazónica Kichwa de Añangu, sobre el río Napo de Ecuador. Ese albergue, situado a la orilla de un lago de selva en el área silvestre del Parque Nacional Yasuní, se ha convertido en uno de los mejores eco-albergues del país desde que abrió sus puertas en el 2003.

Según Jiovanny Rivadeneira, el visionario Kichwa detrás del Centro, es mucho más que un albergue de naturaleza. “Esto no es un negocio, es una empresa comunitaria. Reinvertimos todo lo que ganamos en la comunidad”, dice Rivadeneira, explicando que además del empleo que el albergue ofrece a los residentes locales, han utilizado las ganancias del turismo para construir varias aulas, pagar los salarios de los maestros y proporcionar artículos escolares y almuerzo sin costo alguno para los 96 estudiantes, muchos de los cuales vienen de pueblos vecinos. El albergue también paga pensiones a los residentes más viejos de Añangu y ofrece transporte en lancha a la ciudad más cercana y medicamentos para la clínica del pueblo.

“Esto no es un negocio, es una empresa comunitaria. Reinvertimos todo lo que ganamos en la comunidad”, dice Rivadeneira, explicando que además del empleo que el albergue ofrece a los residentes locales, han utilizado las ganancias del turismo para construir varias aulas, pagar los salarios de los maestros y proporcionar artículos escolares y almuerzo sin costo alguno para los 96 estudiantes, muchos de los cuales vienen de pueblos vecinos. El albergue también paga pensiones a los residentes más viejos de Añangu y ofrece transporte en lancha a la ciudad más cercana y medicamentos para la clínica del pueblo.

Las ganancias del turismo también pagan los salarios de varios guardaparques comunitarios que patrullan las más de 20.000 hectáreas de áreas silvestre de las que los Añangu son dueños o manejan como concesiones. Para asegurar que existiera mucha vida silvestre en el bosque alrededor del albergue, el consejo del pueblo prohibió la caza en su bosque hace muchos años – los cazadores ilegales ahora enfrentan una multa de $500 – lo que convierte al Centro de Vida Silvestre de Napo en uno de los mejores lugares de la cuenca del Amazonas para observar vida silvestre. El lago junto al cual se asienta el albergue es el hogar de raras nutrias gigantes de río, mientras que las trampas de cámaras que están en el bosque que lo rodea han registrado venados colorados, jaguares y perros venaderos.

Sani LodgeEl Sani Lodge, propiedad del pueblo Kichwa de Sani Isla, aguas abajo de Añangu, ofrece una mezcla comparable de empleo y apoyo para la comunidad, al tiempo que conserva 15.000 hectáreas de bosque lluvioso. Fredy Gualinga, gerente general del albergue, reporta que el turismo ha cambiado la forma en que sus vecinos ven el bosque.

“Antes, la mayoría de los miembros de la comunidad eran cazadores, pero ahora entienden que si usted le muestra un mono a un turista en vez de matarlo, el dinero continúa llegando a su bolsillo”, comenta Gualinga.

David Peñaherrera, gerente del operador turístico sin fines de lucro Maquita Turismo opina que el turismo comunitario no solo aporta una importante alternativa económica para los habitantes locales y los motiva a proteger el ambiente, sino que también les ayuda a mantener sus tradiciones culturales como las danzas y artesanías.

Maquita Turismo trabaja con tres albergues comunitarios en diferentes regiones de Ecuador que fueron construidos con ayuda de la organización católica Maquita Cushunchic. Hugo Alvarado, gerente de una de esas instalaciones, el Ecoalbergue Shandia, dice que el lugar ayuda a apoyar el grupo de danza folclórica del pueblo, que hace presentaciones para los huéspedes y además ofrece empleo a los habitantes locales, así como un mercado para las artesanías locales. “Todas las familias de Shandia reciben algún tipo de beneficio de este proyecto”, señala.

Sin embargo, tanto Alvarado como Peñaherrera lamentan los desafíos de comercialización que enfrentan los albergues comunitarios. La mayoría de ellos comenzaron gracias al apoyo de donantes internacionales o del gobierno, pero puede llevar años que se conviertan en negocios rentables. Por suerte, organizaciones como Rainforest Alliance y Wildlife Conservation Society ofrecen varios tipos de apoyo a las comunidades indígenas con empresas turísticas.

Andrew Noss, quien trabaja con comunidades indígenas en Ecuador para Wildlife Conservation Society explica que puede tomar años para que las operaciones turísticas comunitarias sean rentables y en consecuencia necesitan apoyo a largo plazo de los donantes y el sector privado para llegar a ese punto.

“Creo que una alianza con una empresa privada que esté comprometida con trabajar con la comunidad es clave. Es muy difícil para una comunidad poder adquirir la experiencia en ventas y hacer los contactos internacionales necesarios para lograr el éxito”, observa Noss.

Kapawi EcolodgePara ayudar a las empresas comunitarias a cerrar esa brecha, mejorar la calidad de sus servicios y fortalecer su sostenibilidad, Rainforest Alliance ha ayudado a cinco albergues comunitarios a conectarse con compañías internacionales de turismo. Con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), Rainforest Alliance organizó tres viajes de familiarización para representantes de cuatro compañías turísticas estadounidenses y seis operadores turísticos ecuatorianos a cinco albergues comunitarios en la región amazónica – Huaorani Ecolodge, Kapawi Ecolodge, Sani Lodge, Secoya Lodge y el Centro de Vida Silvestre de Napo. Se solicitó a los profesionales en turismo que participaron en esos viajes, el que ofrecieran sugerencias sobre cómo podían mejorar los albergues y los gerentes de éstos se comprometieron a actuar sobre estar recomendaciones. Rainforest Alliance también hizo arreglos para que los miembros de las comunidades hicieran pasantías cortas en los hoteles Patio Andaluz y JW Marriott en Quito, Ecuador.

Eric Segalstad, director de mercadeo digital de Country Walkers, uno de los profesionales en turismo que participó en los viajes, comentó que todos sus compañeros de viaje apreciaron la oportunidad de poder dar retroalimentación a los albergues y al mismo tiempo la gerencia de los albergues estaba ansiosa de hacer los cambios recomendados. Como una contribución inicial a los albergues, Segalstad y sus colegas crearon un sitio Web para ayudar a promoverlos.

“Creo que todos estos albergues están haciendo un trabajo increíble; tienen un modelo muy bueno para el turismo sostenible y tienen un lugar realmente único en el mundo”, agregó Segalstad.

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