Red conservacionista protege el “milagro de la migración” de las aves playeras

Por Yessenia Soto

Calidris alba - Foto por Diego Luna, WHSRNUn ave playera migratoria promedio alcanza apenas dos tercios del tamaño de una paloma y aún así puede recorrer una de las rutas migratorias más largas que existen, volando miles de kilómetros entre el norte y el sur de América, entre su hogar de invernada y su hábitat de reproducción. Pero su tamaño cambia antes de la migración, cuando pueden aumentar hasta el doble de su peso para almacenar la grasa o “combustible” necesario para completar el viaje. Además, hacen paradas en humedales, pantanos, lagunas y otros hábitats ricos en alimento y con buenas condiciones para descansar. La buena salud de estos sitios de escala marca la diferencia entre el éxito y el fracaso de un vuelo migratorio.

Esta premisa fue la base de las acciones de conservación de aves playeras migratorias que surgieron en los años 80, cuando algunas especies en el continente americano empezaron a mostrar una evidente disminución de sus poblaciones. La protección de sitios de escala en diversos países fue implementada como una acción fundamental para frenar esa tendencia. Sin embargo, para dos científicos canadienses hacía falta algo más.

Tras sobrevolar el hemisferio y ver la situación de varios sitios de escala claves, Guy Morrison y Ken Ross concluyeron que las acciones aisladas de conservación serían insuficientes. Ellos indicaron que se necesitaba establecer medidas de protección que trascendieran fronteras e imaginaron un sistema de “reservas hermanas” para unir los hábitats visitados por las aves playeras en sus vuelos migratorios y los esfuerzos que se hacían para cuidarlos. Así nació la Red Hemisférica de Reserva para Aves Playeras (RHRAP), una iniciativa que promueve la conservación de hábitats críticos para las aves playeras migratorias en las Américas desde hace 25 años.

La RHRAP es “una estrategia internacional de conservación local” cuya meta es promover la conservación de sitios enlazando acciones de forma local, regional y hemisférica, explica el representante de la RHRAP en el Cono Sur, Diego Luna Quevedo. “Poco aportará conservar mi sitio, si el sitio vecino sigue amenazado. Si se quiere lograr verdaderos resultados, es imposible hablar de conservación sólo a nivel nacional o local”.

Tal y como la concibieron sus creadores, la red funciona como una alianza que conecta los sitios escala clave para las aves y a los actores involucrados en su conservación. Actualmente, cuenta con 84 áreas protegidas bajo el estatus de red hemisférica e incluye casi el 90% de los sitios críticos del continente. Estas áreas se ubican en 13 países y cubren más de 12 millones de hectáreas.

Para ser parte de la red, los interesados deben postular sus sitios de forma voluntaria, pasar luego por un riguroso proceso de evaluación y esperar el pronunciamiento del Consejo Hemisférico. Como la lucha de la red ya no se limita a incorporar sitios sino que reside en asegurar una incidencia real en la conservación de los más críticos, aclara Luna, las nominaciones deben ser filtradas según la importancia del hábitat. El Consejo favorece el ingreso de aquellos más importantes o de altísima densidad de población de aves, donde las acciones de conservación tienen un mayor impacto.

Cuando el sitio es aceptado, los actores locales encargados de su conservación se convierten automáticamente en “socios” de la RHRAP y comienzan a recibir capacitación y recursos como materiales para la planificación de sitios y orientaciones y lineamientos estratégicos para la conservación de especies. Además, la red propicia el intercambio de información y experiencias y brinda soporte directo en el manejo de hábitats, investigación, monitoreo, construcción de indicadores y en el levantamiento de fondos (aunque no son una fuente directa de fondos, han sido muy exitosos en levantar recursos para sus miembros). También organiza acciones de sensibilización y concienciación del público y de tomadores de decisión, por ejemplo, con campañas de mercadotecnia social.

Según Luna, el enfoque de la red ha evolucionado particularmente en los últimos 10 años, ya que los conservacionistas vienen enfrentando nuevos fenómenos globales y desafíos como el cambio climático, la expansión acelerada de la urbanización y del uso de terrenos para la agricultura y la ganadería extensivas. “Nuestras estrategias han pasado de un enfoque científico a uno más complejo que incluye lo social, económico y hasta político. Estamos dirigiéndonos a construir procesos de buena gobernanza y a asegurarnos que nuestros socios tengan la información, las capacidades y las oportunidades para levantar procesos y tomar las decisiones correctas para conservar los hábitats críticos”.

El cambio climático es uno de los retos más fuertes para la conservación de aves migratorias, ya que los eventos climáticos están alterando los patrones de migración de forma acelerada. Monitoreos que se practican colocando geolocalizadores en las aves han permitido constatar que éstas suelen hacer desvíos de más de 1.000 km para evitar las tormentas tropicales durante su migración hacia el sur, causándoles una gran pérdida de energía y masa muscular. Por ejemplo, registraron un playero gordo (Calidris canutus) de aproximadamente 170 gramos de peso que incluso voló sin parar durante seis días (y noches) una distancia de 8.000 kilómetros a través de la Amazonía y el océano Atlántico, entre el sur de Brasil y Carolina del Norte, por malas condiciones del clima. Se cree que en el corto plazo, los efectos del cambio climático podrían poner en riesgo las posibilidades de que determinadas especies completen su ciclo migratorio.

Pero al ser un fenómeno relativamente reciente, apenas se viene estudiando la incidencia del cambio climático en las aves migratorias y cómo abordarlo. La red ha avanzado fortaleciendo a sus socios en la Patagonia para evaluar la vulnerabilidad de sus sitios y definir qué acciones de adaptación y mitigación pueden desarrollarse en áreas críticas. Además, desarrollaron un manual de uso del Modelo de Pantanos para el Efecto en el Nivel del Mar (SLAMM) — en el marco de la Iniciativa sobre Especies Migratorias del Hemisferio Occidental (WHMSI) y con el apoyo del Fondo Especial Multilateral del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (FEMCIDI) — que ayuda a identificar las amenazas del cambio climático, estimar el impacto en un sitio y considerar las necesidades de adaptación. El desafío para la RHRAP ahora es construir una agenda hemisférica sobre cambio climático lo más pronto posible.

Para responder a esta tensión se procura impulsar una planificación del desarrollo inmobiliario que tome en cuenta la protección del hábitat, logrando que una actividad “se beneficie de la otra y viceversa” y, al mismo tiempo, erradicar la desacertada idea de que la conservación arriesga el desarrollo. “Atendiendo las tendencias de mercado y las demandas de los consumidores de hoy, conservar se convierte en un valor agregado del desarrollo y las actividades productivas. Ese el camino hacia economías verdes”, señala Luna.

La conservación de aves playeras puede, por ejemplo, promover nuevos polos de desarrollo local. Varias comunidades aprovechan sus hábitats aledaños para posicionarse como un destino de turismo científico y de intereses especiales, diversificando así sus ingresos al hospedar turistas atraídos hacia las aves y humedales y también a universidades e institutos que buscan sitios críticos de conservación para desarrollar programas de investigación y tesis de alumnos.

Chorlito canela - Foto por Bill SchmokerLos socios de la red han establecido, además, alianzas particulares con otros sectores productivos. En Laguna de Rocha, sitio de la RHRAP en Uruguay, se trabaja con ganaderos locales para mejorar el valor de los pastizales naturales como hábitat para el chorlito canela (Tryngites subruficollis). La condición de hábitat ideal para esta ave requiere una altura de pastos no mayor a 10 cm, y los ganaderos lo hacen posible al implementar prácticas alternativas de manejo de sus pastizales y otras acciones de conservación. Junto a los socios de Alianza de Pastizales del Cono Sur, incluso avanzan en la búsqueda de mecanismos para certificar un tipo de “ganadería sustentable” que tiene como valor agregado ser practicada en una reserva de aves.

Luna destaca que todas estas iniciativas son posibles gracias al trabajo y motivación de sus socios, que en algunos casos son empresas que tienen la visión de sumar esfuerzos a la causa de la conservación como estrategia para asegurar la sustentabilidad de sus negocios.

Por ejemplo, en el 2010 la Empresa Nacional del Petróleo de Chile (ENAP) se convirtió en un aliado estratégico para la conservación de Bahía Lomas, sitio Ramsar y parte de la RHRAP. La empresa creó un programa de uso racional de humedales que estableció la conservación de aves playeras como un pilar de su programa de responsabilidad social empresarial. ENAP contribuye con recursos, prestando sus instalaciones para dar espacios de discusión entre actores locales y dona horas de vuelo en sus helicópteros para realizar investigación científica clave para el playero gordo; además, mantiene un programa de gestión interna que incluye mapas de riesgos, planes contingencia actualizados y capacitación para sus trabajadores, entre otros.

Uno de los logros más significativos para la RHRAP hasta el momento es en Argentina, donde sus miembros locales consiguieron una declaratoria legislativa que prohíbe la modificación de humedales en Río Negro y Santa Cruz, dos provincia en la Patagonia que albergan hábitats críticos para varias especies de aves playeras migratorias.

“Creemos que hemos recorrido un gran camino al incorporar más del 90 % de los sitios clave del hemisferio en nuestra red. Ahora el reto es continuar asegurando la salud y la integridad de las poblaciones de aves playeras y sus hábitats en los 84 sitios que actualmente conforman la red”, señala Luna. “También es clave seguir generando los marcos de trabajo y el acceso a la información necesaria para los encargados de tomar decisiones. Solo así podremos asegurar que continúe ocurriendo el milagro de la migración”.

Contacto: Diego Luna Quevedo, Av. El Bosque Sur 514. Of. 401. Providencia, Santiago, Chile. +56-9/9450-5654. diego.luna@manomet.org, www.rhrap.org

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