Comunidades en el sur de Nicaragua ayudan a recuperar el hábitat del mono araña

Por Yessenia Soto

Mono araña - Foto por Christine Schmidt / Paso PacificoEl mono araña (Ateles geoffroyi) le debe el nombre a su singular agilidad para trepar y pasar de árbol como si tuviera ocho extremidades en lugar de cuatro. A diferencia de muchos primates, carece de dedos pulgares pero gracias a sus largas extremidades y una cola igual de extensa es capaz de transportarse con una destreza superior, llegando a recorrer hasta 10 km por día. Durante su trajín, cumple una importante labor al dispersar por todo el bosque las semillas de múltiples tipos de frutas que consume.

A pesar de sus atléticas habilidades y su importante rol ecológico, el mono araña se ha convertido en el primate más amenazado de Centroamérica. La deforestación, la cacería, el tráfico ilegal de especies y el acoso por parte del ser humano son las principales causas del declive de las poblaciones que se distribuyen desde Veracruz, México, hasta Honduras, y desde el sur de Nicaragua hasta Ecuador.

Nicaragua representa un puente clave entre las poblaciones del norte y el sur de la región, sin embargo, la subespecie nicaragüense de mono araña está en peligro crítico -casi extinta en todo el occidente del territorio. Las últimas poblaciones que quedan se ubican prácticamente en el Corredor Biológico de Paso del Istmo, una zona de bosque tropical seco ubicado en la cálida provincia de Rivas, en el sur del país. Son pequeños grupos pero se consideran de enorme importancia para la conservación de la especie; por eso, en el 2005 la organización sin fines de lucro Paso Pacífico puso en marcha un proyecto para restaurar y conservar este hábitat.

“Si vemos hacia el norte, en Honduras hay grandes áreas de hábitat; al sur, en Costa Rica también es un hábitat fuerte. Acá el hábitat está muy fragmentado, pero todavía tenemos algo qué conservar”, explica Kimberly Williams, investigadora a cargo del programa de monos araña de Paso Pacífico. “Además, Rivas es un buen puente: los monos no van cruzar a través del Lago de Nicaragua, tienen que pasar por este istmo… lo que logremos hacer aquí va a incidir en mejorar el ecosistema para el mono araña en la costa pacífica de toda Centroamérica”.

Al inicio del proyecto, biólogos norteamericanos hicieron estudios genéticos no invasivos sobre el ADN encontrado en la materia fecal de varios individuos de monos araña del sur de Nicaragua y el norte de Costa Rica. Los resultados alertaron a Paso Pacífico de que la especie enfrentaba además grandes brechas de conectividad genética producto no solo de la de la deforestación sino de la presión que sufren por la cacería en Nicaragua. Como respuesta, indica Williams, los monos araña presentan una conducta extremadamente tímida y han limitado su área de distribución geográfica, viviendo en pequeños grupos que se reproducen entre sí. “Esta desconexión genética, en sí misma, es una amenaza para la permanencia de la especie a largo plazo”.

A la luz de estos hallazgos, Paso Pacífico se propuso recuperar la conectividad entre los hábitats y rescatar la riqueza genética de la especie. Con el apoyo del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos-Vida Silvestre sin Fronteras y en alianza con propietarios de tierras, comunidades locales e investigadores, el proyecto empezó a trabajar en tres ejes principales: la reforestación del bosque, investigación y monitoreo para conocer mejor la especie, y educación ambiental para crear empatía entre las comunidades y el mono araña, concienciando así sobre el problema de su cacería y el tráfico ilegal.

La organización contrató cinco guardaparques de tiempo completo quienes también asisten a investigadores y hacen trabajos de monitoreo. Ellos recolectan información sobre cuántos individuos observan, si son machos o hembras, en qué tipo de árbol los encontraron, la densidad de la población y otro tipo de datos que sirven para sentar precedentes y permiten refinar las acciones del proyecto. Con estas pistas los biólogos pueden definir, por ejemplo, qué tipos de árboles se debe sembrar para que las condiciones de hábitat sean favorables al crecimiento de la población; también sirven para incrementar la vigilancia cuando se identifican hembras con sus crías, con el fin de evitar que los cazadores maten a las madres para robar los monos pequeños.

La otra prioridad del proyecto es restaurar el hábitat de la especie que está severamente fragmentado y presenta grandes parches talados para las actividades agrícolas y ganaderas o que son producto de incendios forestales. Alrededor de 500 hectáreas de terreno han sido reforestadas con miles de árboles sembrados o proveídos por Paso Pacífico, principalmente especies de frutales que son el principal alimento del mono araña.

La organización también impulsa el desarrollo de reservas privadas, en alianza con la Red de Reservas Silvestres Privadas de Nicaragua. De acuerdo con la directora ejecutiva de Paso Pacífico, Sarah Otterstrom, la creación de reservas privadas permite proteger más áreas críticas del bosque y al mismo tiempo representan una buena oportunidad para promover las actividades de ecoturismo en la zona.

“Hay bastante interés para crear reservas privadas y, en parte, es porque los propietarios van entendiendo que los monos son atractivos para el turismo y que necesitan tenerlos en su propiedad para que los turistas quieran venir y pagar”, señaló Otterstrom.

Este cambio de conciencia es resultado del amplio trabajo de sensibilización que están realizando con toda la comunidad, principalmente con niños. Las escuelas locales no cuentan con un componente de educación ambiental en su currículo, entonces encargados del proyecto y los mismos guardaparques han dado este aporte a ocho centros educativos, impartiendo charlas que estimulan la empatía de los niños hacia los monos, mostrándoles que “los monos son interesantes y lindos”, resaltando su rol como dispersores de semillas en el bosque y enseñándoles a apreciarlos y observarlos.

“Todavía necesitamos tener más tierra conservada y extender los esfuerzos de educación ambiental fuera de las fronteras de Rivas, queremos llegar a la ciudad de Managua donde aún mucha gente compra monos como mascota. Poco a poco estamos avanzando, y esperamos que estas poblaciones de mono araña se recuperen y logren moverse hacia el norte y sur de Nicaragua”, dijo Otterstrom.

Otterstrom y Williams aseguran que las comunidades han acogido la iniciativa de forma muy positiva porque Paso Pacífico vincula la conservación con beneficio para los locales. El proyecto ha creado nuevas oportunidades de trabajo en reforestación, actividades de manejo del bosque y para los cuidadores, quienes reciben capacitación e incluso algunos asisten a talleres internacionales. También se promueve el turismo y los niños están encantados porque ahora tiene actividades mucho más entretenidas en sus clases.

Contactos: Sarah Otterstrom and Kimberly Williams, Paso Pacifico. Centro Comercial MercoCentro, Modulo #5, Ticuantepe, Nicaragua. Tel: +505-279-7258. sarah@pasopacifico.org, kwilliamsg@pasopacifico.org, www.pasopacifico.org.

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