José Urteaga, Biólogo Marino, Fauna y Flora Internacional

“Manejamos un principio clave: nosotros no trabajamos sólo con tortugas sino con la gente”.

Tortuga Baula - Foto por José Urteaga, Flora and Fauna InternationalEn sus primeras visitas de educación ambiental a escuelas en las playas del Pacífico de Nicaragua, el biólogo marino José Urteaga solía recibir las mismas respuestas a sus preguntas. “¿Cuántos de ustedes han visto una tortuga baula?”, entre cincuenta niños, sólo cinco levantaban la mano… “¿Cuántos de ustedes han comido huevos de tortuga?”, ahora sí, la mayoría respondía afirmativamente.

El Pacífico nicaragüense es uno de los nichos clave en Mesoamérica para la anidación de la tortuga baula (Dermochelys coriacea), la más grande de todas las especies de tortuga marina, también conocida como la tora, güitora o laúd. Sin embargo, se estima que la población de hembras que allí anidaban cayó en un 90% en los últimos 10 a 15 años.

En una zona altamente empobrecida, este prehistórico reptil ha sido sinónimo de sustento para sus habitantes. Los huevos, la carne y el caparazón de la tortuga se venden con facilidad y, usualmente, generan más ingresos que el trabajar en actividades tradicionales como la agricultura. La organización conservacionista Fauna and Flora International (FFI) señala que los huevos de un sólo nido (unas 8 docenas) representan una venta aproximada de US $17, más de seis veces el salario diario de un habitante local.

Desde el 2002, Urteaga dirige un proyecto que une los esfuerzos de FFI, la ONG Quelantaro y la Universidad Autónoma de Nicaragua, en León, para conservar las poblaciones de tortuga baula.

Pregunta: ¿Cuál era la situación de la población de tortugas baula en Nicaragua cuando iniciaron el proyecto?

Urteaga: Teníamos datos que decían que en la década de los 80 se podían encontrar unos 100 nidos, por noche, en playas del Pacífico, como Veracruz de Acayo. Pero durante la primera temporada (que va desde octubre hasta abril) que pasamos allí, en el 2002, encontramos sólo 22 nidos. En las demás playas la situación era similar. Las poblaciones estaban claramente colapsadas en Nicaragua.

Playa - Foto por José Urteaga, Flora and Fauna InternationalP: Los datos demuestran que la abrupta pérdida de la población de baulas ocurre desde inicios de la década de 1980, hasta estar actualmente en peligro crítico de extinción. ¿Qué causó el desplome de la población de baulas en tan corto tiempo?

Urteaga: Las causas son varias. En Nicaragua podemos empezar por el saqueo de los nidos para la extracción de huevos. La extracción ha ocurrido siempre (bajo creencias de que los huevos tienen poderes afrodisíacos) pero antes era una actividad basada en el consumo local; en cambio, ahora existe una extracción masiva porque que el mercado creció y se extendió a la ciudad, por lo que aumentó su demanda.

En estos años proliferaron, además, nuevas actividades que amenazan al ecosistema marino. Por ejemplo, la pesquería de tiburón que se detonó en los últimos años ha provocado la pesca incidental de las tortugas marinas; en especial las grandes pesquerías de palangre (long-lines) que operan en aguas sudamericanas, donde las tortugas migran después de anidar. El hábitat de anidación también se está perdiendo en manos del desarrollo inmobiliario privado y turístico, aún incipiente en las costas de Nicaragua pero que es una tendencia firme. El Cambio Climático se considera otro factor; en las últimas décadas el Pacífico ha sido azotado por los fenómenos del El Niño y La Niña, afectando a las especies marinas. Por ejemplo, se ha notado que baulas del Pacífico son más pequeñas y ponen menos huevos en comparación con las del caribe, además su población también es ahora menor.

Guardias - Foto por José Urteaga, Flora and Fauna InternationalP: Las comunidades con las que ustedes trabajan ¿están preocupadas sobre el peligro de extinción de la especie o por el ingreso que les representan?

Urteaga: No sé si ellos comprendían desde el inicio todo lo que implica este problema, pero sí hay preocupación. Estas personas no extraen huevos o cazan las tortugas de forma antojadiza o porque son malos, sino porque sobreviven de la extracción de la vida silvestre. Tienen necesidades inmediatas que atender y, en este caso, las tortugas representan un medio para alimentar a sus hijos. Pero es evidente que las comunidades experimentan un sentimiento de pérdida de su ecosistema — que es lo único que tienen — y, por ende, de su calidad de vida.

P: ¿Cómo manejaron el problema de las imperantes necesidades de estas comunidades al plantear su estrategia de trabajo de conservación de las tortugas?

Urteaga: Manejamos un principio clave: nosotros no trabajamos sólo con tortugas sino con la gente. El proyecto tiene como fin proteger los sitios de anidación y contribuir a la recuperación de la población de baulas, pero no podíamos tan sólo cerrar playas y poner guardas para lograrlo. Para que el proyecto funcionara de verdad, era prioritario crear mejores condiciones sociales, económicas y políticas para las comunidades que dependen de la especie, además de involucrarlas en el propio proyecto de conservación.

Tres Hombres y Una Tortuga - Foto por José Urteaga, Flora and Fauna InternationalUna Iniciamos por aliarnos con ONG locales y agencias de cooperación como el Servicio Alemán para el Desarrollo (DED) cuyo enfoque es el desarrollo social, así cruzamos metas de mejorar ingresos y reducir la pobreza junto con la protección de hábitat, que es nuestro fuerte. Mediante este trabajo conjunto hemos creado fuentes de ingreso alternativas como proyectos de agricultura orgánica, energía solar y la iniciativa “tejiendo por la naturaleza” — un proyecto de reciclaje de bolsas plásticas hecho por las mujeres de la comunidad; incluso contratamos como guardas en las playas a antiguos “hueveros” o saqueadores de nidos (puestos que curiosamente tienen una gran demanda). También estamos impulsando un desarrollo turístico sostenible que no comprometa el medio de vida tradicional (agrícola) de la zona; que esté en manos de los locales, porque nada hacemos con un turismo que enriquezca a inversionistas extranjeros; y promoviendo la tortuga como un atractivo turístico, lo cual está comprobado que genera más recursos que el explotarla hasta su extinción.

Por otra parte, trabajamos con las autoridades del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARENA) en la toma de decisiones y en la elaboración de políticas. Colaboramos en la creación de una iniciativa nacional para proteger la tortuga baula y en la campaña “yo no como huevos de tortuga ni uso artículos de carey“, que se dirigió a los mercados de Managua. Además, estamos sensibilizando a la gente mediante talleres de educación ambiental, festivales de tortuga y jornadas de liberaciones con los niños de las escuelas primarias locales.

P: ¿Qué han hecho específicamente para la conservación de las poblaciones de tortugas?

Urteaga: El proyecto aumentó su área de cobertura; inició en un sitio clave anidación de baulas y ahora funciona en tres — el Refugio de Vida Silvestre Río Escalante-Chacocente, playa Juan Venado y playa Salamina. Además, tras continuar una iniciativa de sobrevuelo de la costa, el trabajo se extendió a dos sitios importantes para la protección de tortugas golfina (Lepidochelys oliveacea) y carey del oriente (Eretmochelys imbricata). Se podría decir que entre los cinco sitios preservamos hasta 300 nidos de tortuguitas en temporadas buenas. Esto significa que estamos protegiendo el 90% de los nidos de tortuga y una superficie total de 54,5 km de playa.

Establecimos protocolos de monitoreo para las playas de “arribadas”, pero anidación aislada del Pacífico de Nicaragua. También se establecieron protocolos para la creación y manejo de criaderos de tortuga (nidos cerrados donde se colocan huevos recolectados en la playa; allí pasan el período de incubación bajo condiciones seguras y controladas), lo que ha permitido liberar ya más de 34.000 crías de tortugas marinas (incluidas baulas, tortugas prietas (Chelonia agassisi) y golfinas).

Para atacar el problema de la pesca incidental, enseñamos a los pescadores a cómo liberar las tortugas atrapadas y promovemos el uso de un equipo de pesca menos dañino para las tortugas.

P: Hay muchos resultados positivos y palpables, pero ¿han motivado a las comunidades?

Urteaga: Claro que sí y no solo a quienes vivían de la tortuga. Cada día hay más organizaciones y hasta hoteles y empresas interesados en conservar las tortugas marinas. Por eso no me atrevo decir que los logros del proyecto son solo nuestros, sino que son producto del trabajo conjunto con actores locales, organizaciones, instituciones y otros. Es más, el trabajo en red es una de las claves fundamentales para el éxito de una iniciativa de conservación.

P: ¿Cuáles son los retos principales que enfrenta el proyecto?

Urteaga: El primero reto es alcanzar la atención y el compromiso de los más altos niveles políticos para que se involucren con más fuerza en todo el tema de conservación; necesitamos políticas sólidas y asegurar que los planes de desarrollo nacional no comprometan la viabilidad de los ecosistemas. Luego, debemos lograr que se consoliden las alternativas económicas que proponemos e implementamos en estas comunidades para que, en lugar de depender de la vida silvestre, sus habitantes gocen de modelos sostenibles de sobrevivencia. Y hay un tercero, algo que siempre ataca a organizaciones como la nuestra: encontrar financiamiento y garantizar recursos para el proyecto.

P: ¿Sobrevivirán las tortugas baulas?

Urteaga: Hay un cambio positivo de actitud frente a la conservación, tanto en las comunidades locales como en la ciudad, pero parece que el verdadero cambio vendrá con las nuevas generaciones. Entonces debemos continuar luchando en las ciudades y en la costa para cambiar — de fondo — la relación que nuestra sociedad tiene con la naturaleza. Sostener la especie es un desafío que nos obliga a mantener esta batalla el tiempo necesario para que las tortugas sobrevivan mientras ocurre esta transformación.

Visite el perfil de este proyecto, disponible en la base de datos del Eco-Index.

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