Conservacionista colombiano propone cercos para las tilapias con tal de proteger a las águilas pescadoras

Por David Dudenhoefer

Águila Pescadora -- Foto por Bill SchmokerLas águilas pescadoras vuelan miles de kilómetros cada año desde sus zonas de anidación en Canadá y los Estados Unidos hacia América Latina, donde pasan el invierno del hemisferio norte. Pero esa migración termina trágicamente para muchas de ellas cuando intentan cazar tilapias en las miles de granjas piscícolas de la región.

Según el biólogo de vida silvestre César Márquez, cada año mueren unas 2.000 águilas pescadoras en las granjas piscícolas de Colombia. Aunque este número representa una pequeña fracción de la población de esa ave de rapiña, podría significar una seria amenaza en el largo plazo dado a que la piscicultura está en expansión tanto en Colombia como en otros países de América Latina.

El águila pescadora (Pandion haliaetus) es una gran ave de presa con la voz de un gorrión y un apetito exclusivo de peces. Habita cerca de lagos, ríos y áreas costeras en todos los continentes, con excepción de la Antártica. Las águilas pescadoras del hemisferio oeste anidan en el norte, entre Alaska y Nueva Escocia y hasta el norte de California y La Florida, pero pasan el invierno nórdico en México, América Central y América del Sur. La población de esta especie se redujo considerablemente en las décadas de los 1950 y 1960 debido a los efectos del diclorodifeniltricloroetano (mejor conocido como DDT) y de pesticidas similares, pero la especie ha estado en recuperación desde 1973, cuando el gobierno de los Estado Unidos prohibió el uso de DDT.

A pesar de que Norteamérica cuenta con una población del águila pescadora saludable, la situación de ésta se vuelve precaria mientras migran hacia el sur, durante el invierno. La piscicultura de tilapia va en aumento en América Central y en América del Sur y los piscicultores no dudan el eliminar a los depredadores que perjudiquen sus ganancias. Según Márquez, Colombia posee entre 2.000 y 3.000 granjas donde crían tilapia roja para los mercados de Bogota y de otras ciudades. Existen industrias piscícolas comparables en Ecuador y Brasil, donde el águila pescadora también sufre altas tasas de mortandad.

Márquez trabaja junto a los piscicultores de Colombia para promover una alternativa a la matanza de estas aves rapaces. Luego de probar varias formas para disuadir a las águilas de apresar a la tilapia, Márquez desarrolló una técnica que consiste de cercar el estanque con malla de gallinero y extienden alambres de colores sobre el agua. Pruebas de campo han confirmado la efectividad de dicho método, así que Márquez está levantando los módulos de demostración, editando un manual para su construcción y organizando una campaña para convencer a los piscicultores de implementar este sistema.

Barrera para Aves -- Foto por Cesar MarquezEste proyecto es financiado por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos y la Ley para la Conservación de las Aves Migratorias Neotropicales y es apoyado en Colombia por el Instituto Alexander von Humboldt. Nació de la fascinación que Márquez tiene, durante toda su vida, por las aves de presa. Arquitecto y planificador urbano de profesión, Márquez volvió a la universidad de adulto para obtener un grado de Maestría en Biología de la Vida Silvestre. Desde entonces, él se ha dedicado a estudiar y a educar a otros sobre las aves de presa. Es autor del libro Aves Rapaces Diurnas de Colombia y de un capítulo del libro Aves Rapaces de Chile.

Según Marc Bechard, experto en aves de rapiña y profesor en la escuela de biología de Boise State University en Idaho, EE.UU, que ha colaborado con Márquez durante la última década, “César es uno de los poquísimos biólogos que trabaja para la conservación de las aves rapaces en Colombia y lo hace diligentemente”.

Colombia es un país extremadamente importante para la conservación de estas especies, dado que posee la mayor diversidad de aves del mundo. Existen 77 especies de aves rapaces en este país, casi tres veces el número detentan los Estados Unidos y Canadá juntos. Muchas de las aves rapaces que se reproducen en Norteamérica pasan el invierno en Colombia; además, este país sirve como puerta de entrada para la gran mayoría de las aves que migran hacia Sudamérica.

Aunque Bechard enaltece el trabajo de Márquez, el señala que este proyecto no será fácil, pues cada tilapia cazada por una águila pescadora significa una ganancia menor para el piscicultor. Se espera que los piscicultores se resistan ante cualquier cambio que signifique una disminución de sus ganancias.

Márquez explica que los piscicultores entrevistados afirman que las águilas se comen el 30% de la cosecha de peces, pero él sospecha que ellos exageren sobre el impacto que tienen estas aves. Aun cuando es ilegal matar águilas en Colombia, la ley no se aplica y los granjeros no tienen reparo en dispararles.

Por lo anterior, Márquez habla con los piscicultores sobre las cuentas y les ofrece una manera más eficiente de proteger sus peces: él les indica que los encierros también protegen a la tilapia de otros depredadores como las garzas nocturnas, que son comunes en las zonas de piscicultura. Su argumento es que se puede mejorar las cosechas y por consiguiente mejorar sus ingresos, de manera significativa, usando las barreras para aves en vez de dispararles a las águilas. “Queremos demostrarles (a los piscicultores) el costo y el beneficio de cercar sus pozas”, dice Márquez al explicar que un encierro debe brindarles cinco años de protección. “De hecho, la conservación del águila pescadora no tiene precio”.

Sin embargo, todo tiene un costo: Bechard indica que sería más fácil conseguir que los piscicultores realicen la inversión inicial para cercar sus estanques, si existiera una reducción de los impuestos u otros incentivos. El apoyo del Servicio de Pesca y Vida Silvestre cubre el costo del diseño del encierro, la elaboración de un folleto y muestras demostrativas y presentaciones para grupos de psicultores, pero actualmente no existen los fondos para ayudarles a ellos para que compren los materiales. Por ende, Márquez considera el reunirse con representantes del gobierno para discutir la posibilidad de establecer incentivos fiscales.

Aunque Márquez afirma que muchos de los piscicultores con los que él ha conversado han mostrado interés en las barreras, no puede garantizar que una vez que estos cerquen sus estanques, dejen de matar a las águilas. Él lamenta el hecho de que en las granjas en las que probaron las barreras, los trabajadores continuaron matando a las águilas.

Márquez señala que los agricultores por toda Colombia y América Latina matan a las aves de rapiña con el pretexto de proteger a sus gallinas. Mientras el reto de cambiar dicha conducta es abrumador, el resultado en términos de conservación podría ser significante. Cualquier éxito o lección aprendida en la implementación de este proyecto sería aplicable en otras regiones piscícolas, o podría fortalecer estrategias de conservación de aves rapaces en general.

Mientras Márquez admite que el reto es enorme, está contento de poder encararlo: “esta es una investigación aplicada; es interesante ver cómo se puede cambiar la cosa”.

Contactos: César Márquez, Instituto Alexander von Humboldt, Colombia. Tel: +571/287-7515, x 104, cmarquez@humboldt.org.co. Marc Bechard, Boise State University. Tel: +208/462-3530, mbechard@boisestate.edu.

Más Sobre Este Proyecto

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s