Los jaguares en el noroeste de México encuentran un refugio seguro en la nueva reserva, pero el gobierno de los Estados Unidos levanta un obstáculo permanente a su supervivencia

Jaguar -- Foto por Defenders of WildlifeEn el noroeste de México, los desiertos de Sonora y Chihuahua son el hogar de un mosaico de ecosistemas de transición, que incluyen el desierto de arbustos de espino, tierras forestales de roble de alta elevación y bosques deciduos tropicales, característicos del norte. Esta interacción única de ecosistemas brinda el hábitat para un número de raras especies incluyendo al amenazado lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi), el lechuza moteada mexicana (Strix occidentalis lucida) y el oso negro americano (Ursus americanus).

El jaguar (Panthera onca) es otra de las especies en peligro, y quizás inesperada, que también merodea este escabroso terreno. Una vez habitó un territorio que se extiende desde Sudamérica hasta el sur de los Estados Unidos; pero los conflictos con los seres humanos – incluyendo la deforestación y la caza furtiva – casi lo han eliminado de su rango norte; actualmente se estima que la población de jaguares en el desierto de Sonora va de 80 a 120 individuos; trágicamente, en los últimos años, al menos 24 jaguares han muerto por los ganaderos porque creen que los jaguares se comen sus reses.

Para salvaguardar los jaguares en México y eventualmente recuperar las especies en el suroeste de los Estados Unidos, una coalición binacional integrada por las ONG estadounidenses Proyecto Norteño del Jaguar y Defensores de la Vida Silvestre, así como la ONG mexicana Naturalia A.C.,  unió esfuerzos para crear un conjunto de soluciones que incluyen la protección de tierras, la educación ambiental y programas de incentivos para la conservación.

Esta colaboración inició en el 2003, cuando la alianza identificó un complejo de fincas ganaderas de 18.220 hectáreas (45.000 acres) en Sonora, con evidencia de una consistente reproducción del jaguar y el número más alto de mortalidad de jaguares debido a la caza furtiva. El grupo reunió fondos para comprar una zona de 4.050 hectáreas del complejo y creó el Santuario de Jaguares Rancho Los Pavos, ubicado justo al sur de la confluencia de los ríos Aros, Yaqui y Bavispe. Una vez que el Santuario fue establecido, las ONG lanzaron proyectos de investigación y conservación y comenzaron a reunir fondos para adquirir las 14.170 hectáreas restantes.

La coalición estableció un concurso de investigación fotográfica que brinda a los finqueros incentivos financieros para permitir que los jaguares merodeen sus tierras, mientras que simultáneamente arroja información valiosa sobre el felino y la ecología de otras especies de vida silvestre. A cambio de un contrato firmado que estipula que no matarán a ningún espécimen de vida silvestre, los finqueros participantes son galardonados con entre $50 y $500 por fotos de jaguares, pumas (Puma concolor), ocelotes (Leopardus pardalis) y linces (Lynx rufus) capturados en sus tierras.

Jaguar -- Foto por Northern Jaguar ProjectCraig Miller, vicepresidente del Proyecto Jaguar del Norte y representante de la región suroeste de Defenders of Wildlife, explica que el concurso de fotografía fue creado como una alternativa a un programa formal de compensación directa por la pérdida de ganado debido a los jaguares. “Luego de hablar con los finqueros y examinar la situación, determinamos que un programa tradicional de compensación no sería efectivo y por lo tanto nos reunimos con los hacendados del área y estos colectivamente crearon el concepto del concurso de fotografía. Este ha generado relaciones positivas con los finqueros participantes, le ha dado a los investigadores acceso a las tierras de las fincas y ha ayudado a cambiar la percepción local acerca del valor de la vida silvestre”, afirma Miller.

La alianza también ha contratado a dos guardianes del jaguar, quienes realizan investigación de campo para determinar el tamaño de la población de este animal, evaluar sus necesidades de hábitat y proteger importantes corredores de dispersión y áreas de crianza. Los vigilantes también patrullan la reserva para prevenir la cacería furtiva y dirigen programas educativos que orientan el apoyo local hacia la conservación del jaguar. Miller cree que el programa ha sido exitoso al aumentar la conciencia local. “Debido a que los guardianes han tenido una presencia consistente para la conservación, tanto en la reserva como en la comunidad, las metas de conservación han sido compartidas con docenas de miembros de la comunidad”, explica.

Mientras tanto, la alianza continuó con los esfuerzos para levantar los fondos requeridos para comprar la tierra remanente y establecer la reserva del jaguar. Un equipo del programa de Líderes Emergentes de Conservación de la Vida Silvestre, el cual capacita a profesionales de nivel medio en el desarrollo de estrategias de campañas de conservación, se unió al proyecto para desarrollar la campaña de “salve un área“, donde una donación de $49 asegura un “área” de hábitat para el jaguar.

Los Pavos -- Photo by NaturaliaCon contribuciones de más de 600 donantes individuales y fundaciones, incluyendo La Ley para la Conservación de las Aves Migratorias Neotropicales, del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos, la compra de tierra finalizó y la Reserva Norte del Jaguar, de 18.220 hectáreas (45.000 acres), fue establecida en enero de 2008. “Esta tierra es perfectamente apropiada para apoyar al felino más grande de Norte América”, enfatiza Oscar Montezuma, director de Naturalia. “Con un frente prolongado a lo largo del río Aros, un único y poco transitado camino, así como cañones profundos con la presencia de venados y otras presas, la Reserva asegura el mejor hábitat posible para los jaguares del norte”. La Reserva es también un hábitat importante de invierno para las aves migratorias neotropicales y representa la región más norteña en las Américas donde el jaguar, el puma, el ocelote y el lince interactúan.

El proyecto ahora se enfoca en actividades de restauración y monitoreo y en el desarrollo de un plan de manejo para la Reserva. Miller explica: “El concurso de fotografía está ahora en su segundo año y vamos a usar las imágenes capturadas para complementar la investigación en la Reserva y a lo largo de la región. El concurso se está convirtiendo en más que una herramienta de compensación en una de investigación científica vigorosa para guiar actividades regionales de conservación”. La alianza está recolectando un inventario de especies presentes en la reserva y ha registrado 23 reptiles y anfibios, 80 aves migratorias y residentes, 34 insectos y 31 mamíferos, más de 20 de los cuales están protegidos bajo las leyes mexicanas.

La cacería furtiva de vida silvestre ha cesado en las fincas participantes en el certámen de fotografía y en la Reserva Norte del Jaguar. Pese a esos grandes éxitos en México, los esfuerzos para conservar el jaguar norteño en los Estados Unidos han enfrentado serios reveses. En febrero de 2008, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos (USFWS) anunció que no elaboraría un plan formal de recuperación para el jaguar en el suroeste de los Estados Unidos, excusándose en que la especie es biológicamente “foránea” y, por lo tanto, no califica para los esfuerzos de recuperación en los Estados Unidos.

En respuesta a la decisión del Gobierno, Defenders of Wildlife está demandando al USFWS debido a que la agencia no ha respondido a las repetidas solicitudes de los científicos para que desarrolle un plan de recuperación para el felino, como es requerido por la ley. Señala Miller: “en los Estados Unidos tenemos algunas de las herramientas más efectivas de conservación disponibles en la forma de iniciativas de financiamiento, tierras protegidas, especies amenazadas y conservación a gran escala. Con estas herramientas, nosotros podemos ayudar a los jaguares en aquellos sitios donde han sufrido las pérdidas más significativas, pero la negativa a desarrollar un plan de recuperación amenaza con eliminar ese potencial éxito y beneficio”.

Adicionalmente, la construcción de un muro a lo largo de la frontera entre México y los Estados Unidos, el cual busca eliminar la migración ilegal, representa un obstáculo permanente a la recuperación del jaguar del norte al separar las poblaciones de felinos de ambos países y limitar así sus oportunidades de reporducción y expansión. Defenders of Wildlife y Sierra Club están asumiendo un reto constitucional con la Suprema Corte para bloquear la construcción del muro. Miller enfatiza: “Soy optimista de que existen mejores caminos para equilibrar las necesidades percibidas de seguridad interna con la necesidad de conservar las especies de vida silvestre. Estoy esperanzado en que el muro no será construido en su totalidad y que las áreas biológicamente más sensibles se  preservarán mediante soluciones más innovadoras”.

Contactos: Craig Miller, Defenders of Wildlife, tel: +520/623-9653 x101; fax: +520/623-0447, cmiller@defenders.org, www.defenders.org. Oscar Moctezuma, Naturalia A.C., tel: +52/55-5559-6330; direccion@naturalia.org.mx, www.naturalia.org.mx

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