Pobladores de la Península de Osa descubren cómo su sobrevivencia depende de la conservación de especies

La Península de Osa, en el suroeste de Costa Rica, alberga el Parque Nacional Corcovado, último reducto de bosque tropical húmedo en la costa Pacífica de Mesoamérica. Este representa el hogar para 400 especies de aves, 140 de mamíferos, 117 de anfibios y reptiles y al menos 500 especies de árboles, muchos de los cuales están en peligro de extinción debido principalmente a la pérdida de bosque y a la caza. Alrededor de 5.000 personas también viven en la Osa y la mayoría desconoce que su sobrevivencia — a largo plazo — depende de la de las especies.

“La gente de la península tiende a pensar que las especies siempre van a estar allí”, señala la bióloga Grace Wong, del Programa Regional en Manejo de Vida Silvestre para Mesoamérica y el Caribe de la Universidad Nacional. Dicha universidad, junto con la Universidad Estatal a Distancia y el Ministerio de Ambiente y Energía, se dieron a la tarea el pasado año de llevar el mensaje de conservación a las comunidades de la península y de capacitar a líderes que logren hacer de ese trabajo un propósito a largo plazo. Para eso, contaron con el apoyo del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos y del Fondo Mundial para la Naturaleza.

“Uno de nuestros objetivos principales fue hacerle ver a la gente la relación entre el ser humano y los animales”, explica Wong. No fue fácil abordar inicialmente a las comunidades, al tratarse únicamente de educación ambiental sin apoyo financiero para proyectos de desarrollo, en una zona cuyo desempleo es uno de los más altos del país. Sin embargo la clave, según afirma la bióloga, fue trabajar con grupos organizados, principalmente jóvenes, que tienen cierta conciencia sobre la importancia de conservar la biodiversidad de la península, pero que requieren de formación para llevar el mensaje a sus comunidades.

Se formó un grupo de unas 30 personas provenientes de organizaciones locales como Rescatemos el Ambiente Natural Ahora, Los Jaguares y la Asociación de Emprendedores para el Desarrollo Sustentable. Ellos recibieron capacitación sobre técnicas de comunicación y uso de materiales educativos, historia natural, legislación ambiental y problemática de la fauna.

Los futuros líderes visitaron al Parque Nacional Corcovado con el fin de conocer de primera mano a las especies y su hábitat. Allá se encuentran especies como el jaguar (Felis onca), el chancho de monte (Tayassu pecari), la danta (Tapirus bairdii), el tepezuintle (Agouti paca) y la lapa roja (Ara macao), todos en peligro de extinción. A finales del año pasado, la zona estaba en la mira del público pues se encontraron los cuerpos de docenas de monos y tucanes y, a raíz de eso, se cerró el parque durante varios días. Los biólogos estiman que los decesos se deben a la alta precipitación, que provocó una baja en la temperatura y la escasez de alimento.

De acuerdo con Wong, el conocimiento científico que ya existe sobre las especies de la península fue transformado a una forma amigable, sencilla e, incluso, divertida. Fueron elaborados desplegables, afiches, libros de historietas e incluso juegos de tablero y un bingo que las facilitadoras elaboraron con el apoyo de los mismos capacitados. En estos juegos se ventilan acciones en pro o en contra del medioambiente, que hacen avanzar o perder a los jugadores y medir sus conocimientos, o se dan características de las especies con el fin de adivinar cuál es.

Los materiales también reflejan la relación de las comunidades con las especies, por ejemplo, el problema de la cacería: qué sucede cuando se caza un animal y qué efectos tiene en el bosque y en las comunidades que dependen, cada vez más, del turismo. Estos materiales formaron parte de las actividades de educación ambiental que los participantes llevaron a cabo en sus comunidades y cuya experiencia comentaron en un taller posterior.

“La gente educada ambientalmente significa una oportunidad para el bosque y sus especies”, señala Alex Retana, uno de los participantes en los talleres de educación ambiental y miembro de la Asociación de Emprendedores para el Desarrollo Sustentable. El es un joven empresario turístico quien, junto a cuatro hermanos, está al frente de una finca experimental de 50 hectáreas denominada Cobo, que en lengua indígena guaymí significa “sueños”. El Cobo ofrece a los turistas la experiencia de conocer sobre las especies del bosque tropical húmedo, la agricultura orgánica y probar los productos de la finca en un suculento almuerzo, incluyendo cacao, frutas y queso.

Retana cree que la conservación tiene que integrar tres elementos: ambiente, ser humano y agricultura sostenible, filosofía que ahora buscar compartir no sólo con los turistas, sino también con niños de las comunidades aledañas a su finca. A ellos les explica con detalle la importancia de las especies y del desarrollo sostenible y organiza sesiones de juegos con los materiales de educación ambiental.

“Yo les digo a estos estudiantes que ellos son más importantes que los turistas que llegan a la finca, porque son mis vecinos y juntos compartimos esta gran biodiversidad que nos rodea”, señala Retana. Añade que los talleres le enseñaron a preparar y desarrollar temas para diferentes públicos meta y planea, con ayuda del ministerio del ambiente, llevar más escolares a la finca. Una de sus grandes satisfacciones es observar cómo los niños en sus juegos van demostrando no sólo interés, sino también un mayor conocimiento sobre el bosque y sus especies, comparado con el que tenían inicialmente.

De acuerdo con Wong, la gente también reacciona a información precisa y estadística puesta en términos sencillos. “Al ver las tendencias, la gente de las comunidades se convence de que, si persisten problemas como la cacería, no es cierto que los las poblaciones de animales vayan a durar para siempre”.

Un material que no estaba previsto inicialmente fue un afiche que habla de no ser cómplice y denunciar la caza ilegal, que ahora está colocado en pequeños abastecedores de abarrotes y salones comunales. “Mucha gente sabe quiénes son los que cazan tepezcuintles, chanchos de montes y otras especies y hasta comen de esta carne, pero piensan que son inocentes por no cazarlos directamente”, señala Wong.

De acuerdo con Wong, el logro más importante del proyecto es que ahora existen educadores ambientales capacitados dentro de las mismas comunidades. “Lo idea es que la educación ambiental sea un proceso a largo plazo y que vaya paralelo a iniciativas productivas sostenibles” ella enfatiza. “La gente debe conocer lo que sucede con las especies y cómo esto la puede afectar”.

— Katiana Murillo

Contactos en Costa Rica: Grace Wong, tel +506/277-3596 Alex Retana, Finca Cobo, tel +506/351-8576.

Más Sobre Este Proyecto

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s