Trabajadores de la Madera Construyen un Proyecto Forestal Modelo para Reservas Extractivas en la Amazonía Brasileña

Foto por Caboclo WorkshopDesde la década de 1980, cuando Chico Mendes luchó por los derechos de los huleros y su causa fue conocida internacionalmente tras su asesinato a manos de los ganaderos, las reservas extractivas han sido promovidas como la solución sostenible para conservar la amazonía brasileña. El movimiento ha tenido un gran éxito convenciendo al gobierno brasileño para que separe algunas tierras boscosas en el Amazonas. A la fecha se han creado 25 reservas extractivas que comprenden 3,8 millones de hectáreas y a 154.000 personas. Sin embargo, hay relativamente pocos ejemplos de reservas extractivas donde los residentes estén ganándose la vida de una manera que sea ambientalmente sostenible.

Una historia exitosa es el Taller Caboclo de la Reserva Extractiva Tapajós-Arapiuns, en el occidente de Pará, en Brasil. El Taller es un ejemplo de cómo los grupos comunitarios de pequeños parceleros pueden manejar sus recursos forestales de manera sostenible, extrayendo madera para la producción de muebles en pequeña escala. Además de ser vendidos en mercado local, también es posible encontrarlos en tiendas por todo Brasil, incluyendo las afamadas cadenas nacionales de muebles tales como Tok Stok.

La Reserva Forestal Comunitaria Tapajós, precursora de la reserva extractiva, fue creada en la década de 1980, cuando las comunidades que vivían a las orillas del Río Tapajós se organizaron para protestar en contra del avance de las compañías madereras. Como resultado, el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria, la agencia gubernamental que administra la titulación de las tierras, les otorgó una reserva forestal de 13 por 64 km a lo largo de la orilla occidental del Río Tapajós. A mediados de las décadas de 1990, las comunidades en la Reserva Tapajós se unieron con las comunidades que vivían a lo largo del Río Arapiuns, un tributario del Tapajós, para solicitar una Reserva Extractiva Tapajós-Arapiuns más extensa, que comprendiera las tierras entre los dos ríos. En 1998, se les otorgó una reserva de 674.993 hectáreas, una franja de bosque tropical que durante la temporada de aguas bajas es bordeado, al norte y al oeste, por kilómetros de playas de arena blanca. La reserva es el hogar de personas, predominantemente aborígenes, que se ganan la vida como agricultores, cazadores y recolectores de productos del bosque. Las canastas y canoas que cuidadosamente elaboran tienen una gran demanda en la región.

Tomando en cuenta la preocupación de las comunidades con respecto a que los bosques que tanto les costó proteger y que no les estaban brindando ningún beneficio económico, David McGrath, un geógrafo con la Universidad Federal de Pará, Brasil, junto con el Centro de Investigación Woods Hole, de los EEUU, introdujeron a la población en la producción de muebles sencillos, como una actividad económica y ambientalmente sostenible. Tras conectarse con Antonio José Mota, un sociólogo y organizador comunitario en la reserva, se creó el Taller en 1999 con las comunidades de Nova Vista, Nuquini y Surucuá. Charles Peters, un ecólogo forestal asociado con el Jardín Botánico de Nueva York, se unió al equipo para desarrollar un plan de manejo consistente con las demandas madereras y los conocimientos tecnológicos de los participantes del Taller.

Fotografía del Taller Caboclo Los participantes del Taller Caboclo, llamado así por la gente local caboclo – una mezcla descendiente de africanos, europeos e indígenas – comenzaron a hacer bancos, tablas de picar y otras pequeñas piezas para la casa, recolectando y aprovechando la madera caída que había quedado luego de las talas para agricultura. No tenían necesidad de cortar árboles. McGrath, que tenía como hobby trabajar la madera, explica que la madera caída es mucho más apropiada para hacer muebles, ya que ya está seca y es menos susceptible de rajarse o doblarse y es una acción que es amigable con el ambiente.

 

 

 

“Uno de los aspectos más importantes de este proyecto es que es muy simple tecnológicamente”, dice McGrath. No necesita maquinaria sofisticada ni nuevas habilidades, por lo que aunque la actividad es nueva, se integra fácilmente en las formas de vida existentes en las comunidades y en la manera como ellos acostumbran a hacer las cosas”.

El usar madera caída hace posible que los grupos continúen con la producción de artículos mientras se desarrollan los planes de manejo que les permitirán comenzar a extraer madera en pie. Para poder cortar árboles en reservas extractivas, el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA), del Ministerio del Ambiente, exige que se presente y apruebe un plan de manejo. Con el apoyo de la Fundación Overbrook, Peters capacitó a los participantes del Taller Caboclo en cómo recopilar la información necesaria de un plan de manejo para el IBAMA. El proyecto también recibió financiamiento de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional, del Fondo Brasileño para la Biodiversidad y de Promanejo en Brasil.

Para desarrollar un plan de manejo es necesario recoger información básica, incluyendo un inventario forestal, que es una medida de cuanta madera hay en el bosque; y un estudio de crecimiento, o cuanta madera nueva producen los árboles en un año. Una extracción sostenible es aquella en la que sólo se extrae la misma cantidad de madera que crece en un año.

Llevar a cabo un inventario forestal involucra contar cuales especies están presentes en ese bosque y medir el diámetro y la altura del muestreo de árboles, lo que da el volumen de madera. Para conducir un estudio de crecimiento en la Reserva Tapajós-Arapiuns, Peters capacitó a los caboclos en el uso de las bandas vernier dendrométricas, un instrumento que se arrolla como un cinturón alrededor del tronco de un árbol y puede medir el crecimiento de hasta una centésima parte de un centímetro. Al comienzo del estudio de crecimiento se coloca una marca en la banda vernier indicando el ancho inicial del árbol. Este proceso se repite cada año. A medida que el árbol crece la distancia entre las dos marcas se hace mayor – la diferencia entre un año y otro indica el volumen de madera que ha crecido en el árbol en un año. Este dato multiplicado por el número de árboles de esa especie que se encuentran en el bosque, da como resultado el volumen anual de madera, de una especie determinada, que puede ser extraído de manera sostenible. Sólo se corta la cantidad de madera que ha crecido en el bosque durante este año.

Peters recuerda que “empleados forestales del gobierno me dijeron que hacía 10 años se había llevado a cabo un extenso estudio de crecimiento, en el otro lado del río, en el Bosque Nacional Tapajós y que yo debía de usar esos datos. Sin embargo, la información era de 10 años atrás y fue recopilada en el otro lado del río. En lugar de decirle a las comunidades que número usar para el crecimiento anual, se les dio el poder a ellos para que calcularan ese número por sí mismos. El departamento forestal no estaba seguro de que los caboclos pudieran ser capacitados para recopilar este tipo de información, pero por supuesto pudieron. Aprendieron a hacerlo en un día”.

Después de obtener la información de crecimiento durante tres años, los participantes del Taller compararon sus datos con aquellos recopilados por el departamento forestal y encontraron que los árboles en la reserva forestal crecen más rápido que los del otro lado del río. Según Peters esto se debe a que hace 15 años hubo un incendio en la reserva extractiva, abriendo el dosel del bosque y permitiendo que los árboles crecieran más rápidamente. “Estos hallazgos indican que la cantidad de madera a ser cortada es mayor que la que se habría usado con los datos del gobierno y los caboclos ahora conocen de donde viene la información de crecimiento”, dice.

Otra ventaja del estudio de crecimiento es que al dejar los verniers en los árboles, es posible medir cómo la tasa de crecimiento cambia cuando el dosel del bosque se abre por la caída de unos pocos árboles. Cuando algunos árboles son removidos selectivamente, los que permanecen deben crecer más rápido, aumentando el volumen de madera que puede ser extraído de manera sustentable. Recientemente Peters pasó una semana analizando la información y capacitando a los participantes en cómo calcular la cantidad de madera permitida y a seleccionar cuales árboles se cortan. Como resultado, dos comunidades han realizado sus planes de manejo y los han sometido al IBAMA.

Calculando la cantidad de madera necesaria para hacer una tabla de picar hecha por los caboclos, Peters determinó que un árbol de 1,5 metros de diámetro por 45 metros de alto tiene la suficiente madera como para producir más de 50.000 tablas de picar. Si se cortan dos árboles tendrán lo suficiente como para que los participantes del Taller puedan estar ocupados por un año.

Como co-coordinador del proyecto, el papel de Antonio José Mota es asegurar que los propios miembros de la comunidad dirijan el progreso del proyecto. McGrath indica que “el proyecto está enfocado en el desarrollo organizativo, de forma tal que los miembros del Taller nunca sientan que las cosas avanzan demasiado rápido, esto les permite darse cuenta de lo que está pasando y de que ninguna otra persona está tomando las decisiones por ellos. Este proyecto es algo que les pertenece a ellos”.

Se inició con participantes, en su mayoría agricultores de mandioca, trabajando una semana al mes, luego se aumentó a dos semanas al mes. Aunque la producción de muebles ha brindado una fuente de ingresos adicionales, no ha desplazado el sistema básico de subsistencia. McGrath explica que “hasta ahora han elegido extender el tamaño del grupo, en lugar de aumentar la cantidad de trabajo para el grupo. No queremos que dependan de una actividad que no les puede mantener al nivel que ellos necesitan. Es un balance muy delicado y los alentamos para que ellos mismos decidan que es lo que tiene más sentido para ellos. Con una producción simple, pueden ajustar fácilmente el ritmo de trabajo de acuerdo con sus propias necesidades”.

Mientras tanto, el gobierno de Brasil ha comenzado a legislar el manejo de protocolos para las reservas extractivas. El proyecto del Taller Caboclo es visto como un modelo de producción exitosa y sostenible para el manejo del bosque. Hace dos años, se le pidió a los coordinadores que elaboraran un plan de manejo para toda la reserva extractiva, basándose en la metodología del Taller de Caboclo. Los coordinadores del Taller esperan que este acercamiento a la forestería comunitaria sea reproducido y que, eventualmente, juegue un papel importante en la forestería amazónica. Hace quince años, la gente pensaba que las reservas extractivas ya contaban con un nivel de sofisticación que, hasta ahora, algunas están alcanzando”, dijo McGrath; agregando que “el concepto estaba mucho más adelante que la capacidad de llevarlo a la práctica. Creo que estamos comenzando a ver cómo las reservas pueden ser exitosas y veo a este proyecto como parte del modelo”.

Como otros residentes en la ReservaTapajós-Arapiuns han aprendido sobre el proyecto, el Taller ha crecido hasta incluir a seis comunidades, de las tres iniciales. McGrath cree que el proyecto es especialmente atractivo para las comunidades, debido a que nuevos grupos han comenzado a hacer muebles, de manera que los participantes inmediatamente ven el producto final utilitario. Esto hace que conceptos nuevos como manejo forestal y mercadeo sean menos abstractos. De hecho comenta que actualmente, entre las comunidades caboclo, se entiende bien lo que es la forestería sostenible. Los participantes del Taller, algunos de los cuales no pueden leer, discuten los inventarios forestales y los estudios de crecimiento y debido a que han pasado semanas contando y midiendo árboles, están profundamente interesados en cuidar a la reserva.

–Melissa Krenke

 

Contactos: Charles Peters, New York Botanical Gardens, Bronx, New York 10458, tel: +718/817-8727, fax: +718/220-1095, cpeters@nybg.org, http://www.nybg.org. David G. McGrath, Instituto de Pesquisa Ambiental do Amazônia, Avenida Rui Barbosa #136, CEP 68100-005; Santarem, Brazil, tel: +55-91-522-5538, dmcgrath@amazon.com.br, http://www.ipam.org.br

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