Amanda Stronza

Entrevista realizada por Katiana Murillo, para Rainforest Alliance (Alianza para Bosques)

“Hay muchos albergues de turismo que hablan de involucrar a las comunidades pero contratan a locales solo para lavar los platos. En estos tres casos de la Amazonía existe una participación real de las comunidades”.

Con el nombre de “Trueque Amazónico”, operadores de turismo y comunidades indígenas de la Amazonía de Ecuador, Perú y Bolivia involucrados en la actividad ecoturística se reunieron junto a investigadores en el 2003 para compartir sus experiencias y establecer alianzas.

Las experiencias representaron a un albergue en cada país. Kapawi Ecolodge en Ecuador, administrado por la empresa Canodros con la participación de la Federación Indígena Achuar, que agrupa a 50 comunidades indígenas. La empresa brinda a la federación una renta fija mensual (US $58.000 anuales) y la mayoría de los empleos del hotel son ocupados por miembros de la comunidad. El negocio pasará por entero a manos de la comunidad en el 2011. La segunda experiencia, Posada Amazonas, en Perú, es un modelo similar de manejo entre una empresa privada, Rainforest Expeditions, y la comunidad local. En este caso se trata de la comunidad nativa de Infierno, en la que los indígenas Ese’eja comparten su trabajo con mestizos y ribereños. Una proporción del 60% de las ganancias del hotel es entregado a la comunidad, la cual recibirá el negocio en su totalidad en el año 2016. El tercer caso es el Chalalan Ecolodge, en Bolivia, un albergue que ya se encuentra en manos de la comunidad. Se trata de Uchupiamonas, habitada por los Quechua-Tacana, los cuales mantuvieron una sociedad con la ONG Conservación Internacional, que completó el proceso de transferencia del hotel a la comunidad.

Además de la participación de las comunidades indígenas locales, las experiencias tienen en común su ubicación en sitios de difícil acceso y selva relativamente prístina. Están dirigidos, también, a un segmento de ecoturistas con interés en aprender y contribuir con las comunidades locales, con sensibilidad ambiental y dispuestos a pagar entre $70 y $120 la noche.

Participantes del Taller de PeruEl intercambio de experiencias estuvo basado en un trabajo previo de investigación etnográfica en los tres sitios que permitió a los líderes locales definir ellos mismos los temas para discusión en los talleres. Estos fueron los siguientes: producto (fortalezas y debilidades); los términos de las sociedades establecidas para la administración de los hoteles; distribución de recursos económicos; proceso de transferencia de los hoteles a manos de las comunidades; cambios significativos en las comunidades a raíz de la actividad ecoturística, manejo de recursos turísticos (culturales y naturales) y monitoreo de los cambios. Los talleres fueron realizados gracias al apoyo del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF).

De los resultados de los talleres hablamos con Amanda Stronza, antropóloga y Directora del Trueque Amazónico; actualmente profesora asistente en la Universidad A&M de Texas.

Pregunta: ¿Cuál fue la principal lección aprendida de los talleres?

Stronza: Vimos que la transferencia del albergue no es necesariamente la meta. La empresa siempre va a tener fortalezas, características y conocimientos que no tiene la comunidad; y la comunidad puede contar con algunas fortalezas que nunca va a tener la empresa. ¿Por qué no, entonces, tener siempre el plan de trabajar juntos? De esta forma, en vez de hablar de transferencia, lo mejor es hablar de cómo mejor capitalizar los talentos y conocimientos de cada lado.

Un nuevo modelo que sacamos de los talleres es el de ONG, empresa y comunidad como un nuevo esquema de sociedad. La ONG también puede atraer recursos que no pueden la comunidad y la empresa: por ejemplo, la capacidad de monitoreo y capacitación sobre los impactos y la atracción de fondos para hacer proyectos satélites. Se trata de no poner los huevos en la misma canasta sino de enfocarse también en proyectos de salud y proyectos de planificación en la comunidad, usando siempre los recursos que vienen del ecoturismo pero también pensando holísticamente en el desarrollo de la comunidad entera.

P: ¿Cómo ven los indígenas su participación en la actividad ecoturística?

Stronza: Es difícil generalizar porque en cada caso y como en cualquier proyecto de conservación en el mundo hay unos cuantos que realmente participan, están involucrados en la toma de decisiones y piensan estratégicamente en el futuro. Sucede así en estos tres casos. Hay conflictos que el ecoturismo puede introducir desde el punto de vista de quién está participando, quién no y quienes deberían hacerlo. Un conflicto para ellos es que casi todos resaltaron el problema de que trabajar en turismo significa dejar a la comunidad, su chacra y su familia. Entonces el hecho de tener que escoger es algo más que difícil y muchos sienten que es una decisión que ahora con el ecoturismo tienen que hacer. Sin embargo, los que están muy involucrados dijeron que sienten que ahora están trabajando por su comunidad y ayudando a su familia.

Kapawi Ecolodge en EcuadorUna dificultad es que, como son empresas comunitarias, han tenido que redefinir las relaciones entre la gente y se puede tener la situación de que, por ejemplo, un tío se convierta en un jefe y esta mezcla entre trabajo y familia es un poco difícil de manejar. Tenemos la duda de quién está contratando a quién: ¿Porque es su hermano o porque es la persona más capacitada para trabajar en ese puesto?

Algo en común que se vio en los talleres también es que el ecoturismo en cada lugar está cambiando la visión de los comunitarios en cuanto a conservación. Ahora pueden hablar de manejo en términos concretos. Antes no. Venía una ONG y hablaba con la gente local de que había que proteger esos recursos, pero no entendían o no les importaba. Los delegados nos dijeron que ahora sí tiene sentido hablar de cómo van a proteger esos recursos porque son recursos que los están beneficiando en términos muy concretos. El ecoturismo sí está cumpliendo con la promesa y lo ideal en estos tres casos.

Las dificultades son muchas también. Incluyen la pregunta de quién es un socio, si significa que todos deberían recibir una parte de las ganancias aun cuando hay gente que nunca ha movido un dedo para ayudar a construir el albergue. ¿Hay diferencia o el hecho de vivir en la comunidad significa que deberían ganar como todos?

P: ¿Sienten las comunidades indígenas que el negocio es de ellos?

Stronza: Un problema que tienen en Kapawi y menos en los otros albergues es la falta de sentirse dueños. La mayoría de los Achuar no sienten que Kapawi es de ellos, pero igual ganan la renta mensual. Esto crea un poco de problemas para Canodros, que es su socio. La empresa siente que está manejando todo y por mucho que hablan de participación los Achuar no se sienten propietarios y no les preocupa trabajar tampoco. Es un reto crear ese sentimiento de “es mío”.

P: ¿Cómo se maneja la parte cultural? Porque hay ciertos estándares de calidad internacionales que hay que mantener pero también está la oferta cultural que les interesa a los turistas que van.

Stronza: Kapawi es el modelo para los dos otros. Los delegados de los otros sitios se sorprendieron cuando visitaron la tierra de los Achuar porque notaron que en Ecuador tienen su cultura intacta todavía. Ellos sí hablan su idioma, usan su ropa típica y realmente mantienen su cultura. Eso fue algo asombroso para la gente de Chalalan y de Perú también. Las reglas en las comunidades Achuar son también muy estrictas: los turistas no pueden caminar donde quieren ni pueden hablar con la gente Achuar. Todos tienen que hacerlo a través de dos guías, uno de Quito o Guayaquil y el guía Achuar. Todo es controlado y mediado.

También es controlado en los otros albergues, pero en esos dos casos desde antes de la actividad ecoturística los indígenas ya estaban más integrados con el mercado, con el mundo occidental y todos hablaban español. En el caso de los Achuar hay muchos que no hablan español. Los Achuar simplemente han estado más aislados del mercado y del mundo occidental por muchos años.

En el caso de Chalalan y Posada Amazonas los turistas no visitan la comunidad y entonces dicen que no han sentido cambios en su cultura. Los turistas están en el albergue y ya. En el caso de los Achuar, sí hacen visitas a las comunidades pero dijeron que no habían tenido impactos en su cultura porque ellos concientemente han mantenido una diferencia entre lo que muestran a los turistas y lo que mantienen en privado.

P: ¿Cuáles mejores prácticas turísticas desde el punto de vista ambiental se destacaron en los intercambios?

Stronza: Se destacó la importancia de hacer un proceso de zonificación y de situar el albergue y la actividad turística en un lugar alejado de dónde la comunidad está realizando su agricultura, donde está pescando y cazando. Se determinó que es muy importante crear reglas y sanciones de común acuerdo con la comunidad, de manera que todos entiendan cuáles son esas reglas y se respeten.

P: ¿Cómo se visualiza la medición de impactos de la actividad turística a través del tiempo?

Stronza: Algo que vimos es que ninguno de los tres lugares tiene un sistema de monitoreo. Estamos de acuerdo con que es importantísimo tenerlo. El único registro que se lleva es cuando los guías hacen un tour y marcan los animales que han visto, dónde y a qué hora. Pero también es importante medir impactos sociales, culturales y económicos. Lo único que pudimos hacer en el taller es identificar los aspectos que ellos necesitan medir en el futuro.

P: Haciendo una balanza entre beneficios e impactos de la actividad ecoturística, ¿Es positivo este balance?

Stronza: Es positivo porque las comunidades están en control, participando en los proyectos. Si se dan cambios negativos se pueden arreglar porque los indígenas están tomando decisiones y el albergue es de ellos. La participación es realmente clave para el éxito porque no solo lavan platos, manejan motores y ganan un poco de dinero, sino que también están aprendiendo cómo manejar un albergue y cómo planificar estratégicamente su futuro a través de estas empresas. El balance es que el ecoturismo no es la respuesta a todas las necesidades pero sí una opción más que puede ayudar. Todos estaban de acuerdo con que el ecoturismo no es la solución pero sí está ayudando.

P: Uno de los objetivos de los talleres era sacar estándares para ecoturismo comunitario, ¿Qué lineamientos salieron a la luz?

Stronza: Lo que se hizo fue algo chistoso porque, como en el primer taller hablamos de estándares y realmente no entendieron de qué se trataba, intentamos construir un albergue ideal sacando los mejores elementos de cada posada en los diferentes aspectos. Así creamos un albergue que se llama Pokachá y todos estaban muy felices con él.

P: ¿Qué tan importante es realizar un intercambio como este? ¿Son las experiencias replicables a otros sitios de América Latina?

Stronza: La importancia de realizar un intercambio fue muy obvia. Tenían mucho que conversar entre ellos. Aprendieron, incluso, mucho de ellos mismos enseñando a los demás lo que estaban haciendo. La ventaja básica fue darle la oportunidad a personas que generalmente no la tienen, de viajar a conferencias internacionales, de darse cuenta de que existen otras comunidades en otros sitios que están enfrentando los mismos problemas y buscando soluciones; y que entre ellos tienen muchas respuestas y no tienen que depender de expertos de afuera para resolver sus problemas. También pudieron ver que lo que están haciendo y es cotidiano para ellos tiene mucho valor. Todos estaban muy emocionados porque habían formado nuevas amistades y sentían que habían establecido una alianza. Dicen que no están tan solos ahora y se dan cuenta de que no son los únicos que tienen conflictos en su comunidad.

P: ¿Cómo se va a dar el seguimiento a la iniciativa de compartir las lecciones aprendidas?

Stronza: Ellos se comunican por radio en cada comunidad para la logística de turismo y han descubierto que la comunicación llega de Ecuador hasta Bolivia, así que se pueden comunicar entre ellos. También queremos hacer un seguimiento y hablamos de realizar una cuarta reunión en Ecuador sobre qué es lo que quieren hacer en el futuro en colaboración, como es el caso de la asistencia a ferias internacionales de turismo, intercambios entre guías y mercadeo conjunto de artesanías. Tenemos el plan de darle seguimiento a Pokachá II.

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