Investigaciones en las Ricas Costas de Costa Rica Revelan Aguas Turbulentas

Ilustración por Allan Núñez ("Nano")No fue en vano que Costa Rica recibió un nombre tan prodigioso. Este país, relativamente pequeño, cuenta con más de 1,200 kilómetros de costa en dos océanos y una gran cantidad de playas, extensos manglares, arrecifes coralinos y tres golfos. Además, su mar territorial abarca un total de 580 mil kilómetros cuadrados, un área oceánica diez veces mayor a la terrestre, y posee el 5 por ciento de los peces conocidos en el planeta.

La zona costera del país tiene estuarios vitales para la pesca comercial, mientras sus playas atraen a más de un millón de turistas cada año. Sin embargo, estas ricas costas no están exentas de contaminación. Con el apoyo de la Fundación para la Cooperación Costa Rica-Estados Unidos (CR-USA), el Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (CIMAR) de la Universidad de Costa Rica, recientemente completó un estudio, de tres años de duración, sobre el grado de contaminación existente en cuatro ecosistemas costeros con alta prioridad de desarrollo en el país.

El proyecto de Contaminación Costera en Costa Rica (CoCosRi) es pionero en América Latina, según afirma Jenaro Acuña, oceanógrafo químico e investigador asociado en el proyecto. Fue la primera vez en la región que se evaluaba la contaminación costera en cuatro sitios simultáneamente, tanto en época seca como lluviosa, tomando en cuenta una gran variedad de contaminantes.

Los sitios analizados son muy diferentes entre sí, ya que incluyen una plataforma coralina en el Caribe, Moín, en la provincia de Limón, y tres sitios en el Pacífico: Bahía Culebra, una zona de afloramiento de aguas frías; el Golfo de Nicoya, un estuario; y el Golfo Dulce, una fosa anóxica, o con ausencia de oxígeno, de 200 metros de profundidad.

En todos estos sitios se midieron más de 20 parámetros: desde la temperatura del agua y su turbidez, hasta la presencia de contaminantes como hidrocarburos de petróleo, plaguicidas, bacterias coliformes y desechos sólidos. Otros contaminantes analizados fueron los metales traza: plomo, cadmio, hierro, cobre y zinc; y los bifenilos policlorados, que son compuestos tóxicos persistentes utilizados hasta 1976 en equipos eléctricos, pinturas, plásticos, adhesivos y otros.

Según Acuña, si bien los resultados generales no muestran un estado de contaminación tan alarmante, sí brindan valiosa información sobre la situación de contaminación en cada zona, que puede guiar a las autoridades y comunidades a tomar medidas. Entre los resultados se obtuvo que la Bahía de Golfito, en el Golfo Dulce, fue la más contaminada en términos de coliformes fecales. También notaron la presencia de desechos sólidos, principalmente plásticos, en las cuatro áreas analizadas.

Pero no todas las noticias fueron malas. En el Estero de Puntarenas, cerca de la ciudad más grande del Golfo de Nicoya, donde se ha realizado una importante campaña local de rescate de este ecosistema, solo descubrieron una contaminación moderada. La ausencia de contaminación por plaguicidas organoclorados en las cuatro áreas analizadas fue otro signo positivo.

En el caso de los hidrocarburos de petróleo, si bien no se detectó una contaminación que excediera el parámetro internacional de 10 microgramos por litro, según sostiene Acuña, la situación no se puede subestimar y es necesario establecer controles. Moín, el principal puerto de exportación del país, fue la zona que presentó la contaminación más alta por hidrocarburos, sin llegar a valores superiores a los 8 microgramos por litro, y relativamente la presencia más alta de plomo.

A través del Gran Caribe, buques-tanque movilizan alrededor de 5 millones de barriles de petróleo cada día y un pequeño oleoducto que se origina en la refinería de petróleo de la zona llega hasta las costas del Pacífico y en algunas ocasiones se ha derramado combustible. Los estudios también cuantificaron los hidrocarburos en el Golfo de Nicoya. La investigación reveló la presencia de bifenilos policlorados en todos los sitios, principalmente en la Bahía de Golfito. El CIMAR estima que las causas son su eliminación inapropiada, derrames accidentales y el transporte por medio de la atmósfera debido a la volatilización de algunos de sus componentes más livianos.

Actualmente, y hasta el año 2005, se lleva a cabo una segunda parte del proyecto de contaminación costera que consiste en evaluar el impacto de contaminantes en los sistemas endocrinos de organismos marinos, como peces y tortugas, con el fin de detectar anomalías fisiológicas. En esta fase del proyecto participan varios centros de investigación de la Universidad de Costa Rica y de los Estados Unidos, incluyendo al Centro de Investigación Bioambiental de la Universidad de Tulane, líder mundial en esta línea de investigación.

“Es muy posible que algunas de las especies biológicas que se van a analizar tengan efectos por contaminantes y será la primera vez en Costa Rica que se pueda demostrar que eso está ocurriendo”, afirma Acuña.

Añade que un componente importante del proyecto de investigación es la difusión de los resultados a las comunidades, debido a lo cual, en el caso de CoCosRi, se organizaron talleres en las cuatro zonas de estudio. También se diseñó un disco compacto interactivo que contiene información sobre varios aspectos de la contaminación costera, los parámetros que midieron en el estudio, qué se obtuvo y su importancia. Éste está disponible para escuelas, colegios y otras organizaciones.

Sonia Salas, asesora supervisora del Ministerio de Educación Pública en Puntarenas, es uno de los líderes comunales que busca poner en práctica los resultados de la investigación para fines educativos. Tiene a su cargo 10 escuelas del Golfo de Nicoya, tres de las cuales se encuentran en la Isla Chira, ubicada dentro del golfo.

Salas explica que la mayoría de los estudiantes de las escuelas que supervisa tienen padres pescadores y afirma que su objetivo es lograr incluir una materia sobre recursos marinos en el curriculum escolar. “Es importante que los estudiantes conozcan el daño que provoca la contaminación en el Golfo de Nicoya y aprendan a aprovechar el recurso marino racionalmente”, señala.

— Katiana Murillo

Contactos:

Jenaro Acuña
CIMAR
tel 506/ 207-3007
jacuna@cariari.ucr.ac.cr
www.cariari.ucr.ac.cr/~cimarucr/

Sonia Salas
Dirección Regional de Puntarenas
Ministerio de Educación Pública
tel 506/663-0721, 399-8608

Lea más sobre este proyecto en el Eco-Index:
www.eco-index.org/search/resultss.cfm?ProjectID=660
www.eco-index.org/search/resultss.cfm?ProjectID=661

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