Voluntarios de la Fundación Zoológica de El Salvador — Luis Antonio Ramos, Presidente; Zulma Ricord, Directora Ejecutiva; y Carlos Roberto Hasbún, Fundador

Entrevista realizada por Nuria Bolaños, para Rainforest Alliance (Alianza para Bosques)

“Si no hubiese un centro de rescate o iniciativas de rescate de los animales, no se estuviera aplicando la ley con tanto rigor como se está aplicando actualmente, lo cual tiene un efecto directo en las poblaciones silvestres”. — C. R. Hasbún

Recientemente fue Liberado este Gavilán que fue Rescatado y Rehabilitado por el Personal de FUNZELEl Centro de Rescate y Rehabilitación de Fauna Silvestre, proyecto de la Fundación Zoológica de El Salvador (FUNZEL), se inició en 1994 como apoyo al Servicio de Parques Nacionales y Vida Silvestre (PANAVIS); en aquel momento, la autoridad estatal y ente normativo de la Ley de Conservación de Vida Silvestre. A partir de julio del 2001, las funciones de PANAVIS se traspasaron al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales. A través de un convenio entre las dos partes, el Centro de Rescate se oficializó como el responsable del manejo y la disposición de la fauna decomisada. Actualmente, el centro opera con un asesor médico veterinario especialista en vida silvestre, una jefe de proyecto (bióloga), un veterinario de planta y un asistente para alimentación y manejo de los animales silvestres de los tres grupos principales de vertebrados terrestres: reptiles, aves y mamíferos.

Pregunta: ¿Cómo funciona el centro de rescate? ¿Es parte del zoológico?

Ramos: Es independiente en todo sentido del zoológico, aunque sí estamos vinculados con ellos: somos conocidos, amigos y aliados. FUNZEL ha apoyado en diferentes formas al zoológico, al margen o más allá del rescate de fauna. En 1990, Carlos Roberto Hasbún, como director del zoológico en ese momento, y buscando apoyo para éste, buscó un grupo de gente que le ayudara y eso culminó en el surgimiento de FUNZEL y posteriormente, el Centro de Rescate, el cual transcendió hacia un apoyo a la fauna silvestre en El Salvador.

El zoológico tenía suficientes problemas propios y dificultades en términos de recursos para alimentar a sus propios animales. Fue así como surgió la idea del centro de rescate en un doble sentido: por un lado, para disminuir la presión de la cantidad de animales que se estaban abandonando en el zoológico por decomisos o porque sus dueños simplemente se aburrían de ellos; y, por otro lado, porque sucedió paralelamente a otros procesos políticos. La Ley de Conservación de Vida Silvestre y una mayor actividad de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres) en el control de la comercialización y exportación de fauna, hacían necesaria, también, la existencia de un centro que profesionalmente recibiera la fauna producto de decomisos o de entregas voluntarias. Fue de esta manera como surgió el Centro de Rescate más como apoyo a las autoridades vinculadas a CITES y a la Ley de Conservación de Vida Silvestre, que como apoyo al zoológico, pero siempre hemos colaborado con éste.

P: ¿Cómo les llega a ustedes la fauna? ¿Qué sucede en el Centro de Rescate?

Ramos: Recibimos la fauna, principalmente mamíferos variados, aves y reptiles y una buena cantidad nos llegan en condiciones medianamente precarias de salud: deshidratados y estresados por el viaje desde donde han sido extraídos hasta que llegan a FUNZEL. Nos llega también un buen número de animales con una variedad de deficiencias y de lesiones. Por ejemplo, a las iguanas o garrobos suelen amarrarlos de las muñecas, al grado de que muchas veces llegan a necrosarse y las manos literalmente se les caen. Pero por suerte muchos llegan a tiempo para poder ser tratados y tienen la capacidad de recuperase.

Luis Ramos de FUNZEL Atendiendo Cocodrilo Herido y Rescatado por Policía Nacional Civil.También ingresan muchos animales heridos, especialmente aves rapaces que han recibido una pedrada o han sido baleadas. Algunos mamíferos también llegan con signos de manejo inapropiado que les ha provocado una lesión. Un ejemplo extremo fue cuando nos llegó un mapache en edad adulta al que le habían puesto una soga al cuello como collar y nunca se atrevieron a quitársela; el animal creció con ella hasta que se le incrustó un par de centímetros en la piel. Esto es algo que sólo he visto una vez, pero han sucedido cosas semejantes en otros animales.

P: Cuándo llegan en esas condiciones ¿Qué procede?

Ramos: Tenemos un protocolo más o menos estricto; médico por un lado y biológico por el otro. Tenemos un proceso hasta burocrático pero necesario para mantener nuestra transparencia ante el manejo de un patrimonio nacional. Primero se llena una ficha de recepción donde se anotan los datos de quien entrega, las condiciones en que viene el animal, la especie — si es identificable o la que suponemos que puede ser por lo menos a nivel de género — y hacemos una primera evaluación médica para determinar cuál es su siguiente paso: si va a un proceso médico más intenso, si está sano y nada más requiere un proceso de cuarentena por haber estado mucho tiempo lejos de la vida silvestre; si puede ser liberado inmediatamente, o si por alguna otra condición o suma de la evaluación anterior, este animal requiere de eutanasia — una muerte indolora.

Hasbún: Al inicio — como lo mencionó Luis — es un proceso de rehabilitación física que incorpora protocolos médicos veterinarios. Posteriormente entramos en un proceso de rehabilitación de conducta donde los especimenes se ubican en recintos más amplios, más adecuados, más ambientados a sus condiciones naturales y se alimentan con productos naturales para que los individuos sujetos a rehabilitación, se integren con mayor facilidad a sus ambientes naturales donde se van a liberar.

P: ¿Dónde se realiza las liberaciones?

Ramos: El protocolo nos exige liberarlos en los lugares de origen. Tengo que reconocer que no hemos hecho esto desde el principio en buena parte porque estábamos aprendiendo, haciendo y estudiando el proceso. Ahora somos más estrictos en liberar a los animales en su lugar de origen, cuándo conocemos cuál es. No sabemos la procedencia de la mayoría de los animales. Sí nos hemos atrevido a liberar algunos en zonas que estimamos — a partir de consultas técnicas con el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales, las autoridades correspondientes y el personal de FUNZEL – que no vamos a ocasionar una perturbación significativa a las poblaciones silvestres. Tratamos, en la medida de nuestros recursos, de hacer un protocolo de laboratorio antes de liberar a los animales para establecer que van en las mejores condiciones de salud.

Ricord: Casi nunca los reintroducimos a los felinos nuevamente. Estas especies son altamente delicadas y muy vulnerables a la manipulación humana y a medicamentos. Especialistas de la UICN recomiendan no reintroducir a estos animales y, como están en peligro de extinción — en El Salvador quedan poblaciones muy reducidas – lo que hacemos es que pasan a un programa de investigación regional que está llevando el Zoológico Nacional de El Salvador, en conjunto con la Asociación Mesoamericana de Zoológicos y Acuarios. En el caso de las iguanas, como son reptiles que provienen de decomisos masivos, se liberaban y — presumimos — conlleva a una serie de modificaciones en las poblaciones naturales a lo largo del tiempo. Actualmente, si están en buen estado de salud, se prefiere llamar a alguna asociación benéfica para alimento, como sopas y caldos.

P: ¿Con qué frecuencia reciben animales? ¿En qué épocas del año aumenta la frecuencia?

Ricord: Los meses de marzo, abril, mayo y junio son en los que parece incrementarse el ingreso y eso es debido a que coincide con el ciclo de reproducción de casi todos los animales, lo cual coincide con el verano e inicio de la época lluviosa. Es cuando se ha detectado mayor tráfico transfronterizo y también las ventas en los mercados locales se incrementan.

P: ¿Los animales les llegan a ustedes o ustedes los decomisan?

Ricord: FUNZEL no decomisa, ni tampoco aplicamos leyes, nosotros damos un servicio de apoyo al Estado. Es un apoyo a la ley local de Conservación de Vida Silvestre que maneja el Ministerio de Medio Ambiente, enmarcada dentro de la Convención CITES.

Hasbún: La Policía Nacional Civil es la instancia que desarrolla o ejecuta estos decomisos. La idea es que la fundación propicie espacios e iniciativas a nivel nacional por medio de las cuales se puedan instrumentalizar reglamentaciones de manejo de especies ex situ y construir, así, recintos en diferentes puestos del país, que logren rescatar el animal el día del decomiso para que se le pueda brindar un apoyo.

P: ¿Hay seguimiento — o monitoreo — de la fauna que se libera?

Hasbún: Existen varios protocolos que se pueden seguir para monitorear las especies liberadas. Cuando se liberan los animales tienen que ir marcados, ya sea por medio de bandas plásticas, de metal si son aves, o de anillos en diferentes partes del cuerpo si son mamíferos o reptiles. Con esta marca se pueden monitorear los animales y darles seguimiento.

Una de las iniciativas que se pretendía fomentar en la institución, con el apoyo de los estudiantes de biología, era el monitoreo de las especies rehabilitadas en zonas con efectos antropogénicos. Se pretendía monitorear la incorporación de estos individuos a su ambiente en general a través de proyectos de radiotelemetría, en los que los estudiantes pudieran seguir el movimiento de estos animales para ver si se integran y logran reproducir; porque el monitoreo no solo debe contemplar las etapas de integración al medio, sino también la reproducción de estos individuos en el medio. Cuando el individuo logra reproducirse, se ha hecho un buen trabajo. Tuvimos un ejemplo muy bueno de la liberación de un halcón que se tuvo desde pequeño por más de un año en los aviarios de la fundación. Se liberó en su estado juvenil y se integró al ambiente. Luego logramos observarlo haciendo su nido y reproduciéndose.

P: ¿Tienen noticias de otros animales liberados y con resultados exitosos?

Hasbún: Se han liberado caimanes en el sistema de manglar de Barra de Santiago, Hace 15 años, en esa zona, la población silvestre estaba bastante reducida, al grado de que los pescadores ya no observaban caimanes, ni sus nidos. Ahora, después de haber liberado una cantidad significativa, se observan más, incluso nidos y algunas crías. Eso nos puede indicar que la liberación ha sido exitosa en el sentido que han logrado reproducirse.

P: ¿Qué hicieron con los animales durante el tiempo del terremoto del año pasado?

Ramos: Gracias a la cooperación internacional, tuvimos un apoyo para hacer unas instalaciones provisionales, tanto de clínica como de recepción de animales. Otros donantes nos aportaron mayores fondos con los que pudimos alquilar una casa que adaptamos como clínica veterinaria en San Salvador. Dispersamos lo que antes teníamos en un solo punto: Tenemos la clínica de recepción en San Salvador; hay una cadena grande de supermercados llamada la “Despensa de Don Juan”, que construyó recintos para poder albergar los psitácidos — loras y pericos — que recibimos; también la International Fund for Animal Welfare, que se dedica al rescate de la vida silvestre ante desastres naturales, nos envió personal que levantó algunos recintos de emergencia y la clínica. Con ellos hemos podido funcionar mientras restablecemos funciones.

Lo que hemos hecho es concentrarnos en la liberación de animales — que sabemos exactamente su origen. Hay gente que se los encuentra en el campo y creen que están abandonados, lo cual es muy común con los venados pequeños. En estos casos nos hemos quedado hasta una o dos noches en el lugar donde se libera al cervatillo y hemos podido constatar que han llegado venados adultos a recogerlos. En abril y mayo tuvimos tal cantidad de animales, que nos vimos obligados a cerrar temporalmente la recepción porque sobrepasamos la capacidad instalada. Lejos de dar los servicios profesionales que quisiéramos, los animales estaban hacinados y muriendo por eso, así como por la dificultad de darles el manejo correspondiente. Desde luego todas las autoridades estaban en crisis porque, o dejaban de ejecutar la ley, o tenían que buscar otros lugares a dónde llevar a los animales.

Ricord: Tenemos 50 socios activos como contribuyentes, con cuotas desde $10 hasta $200 al año. Ellos nos ayudan mucho para la operatividad del centro. Tenemos también cinco patrocinadores que aportan cantidades mayores de dinero: el Banco de Comercio; el Banco Agrícola; los Almacenes Vidrí; la Fundación Sigma; y otros socios con aportes de $ 150 al año, quienes, en conjunto con nuestros socios regulares contribuyentes, logramos salir y enfrentar la época del terremoto. También gracias a todos ellos, y a algunos voluntarios, estamos operando actualmente.

P: ¿Qué pasa con los animales que no se llevan al centro?

Ramos: Algunos se llevan directamente al zoológico y ellos los reciben en la medida de sus capacidades. También el zoológico nacional ha ido incrementando sus capacidades, particularmente las financieras, y ha permitido recibir algunos animales que pueden incorporar a sus colecciones. También las autoridades siguen la política de la liberación inmediata, siempre y cuando sea posible, y tratan de traer a los animales a FUNZEL sólo cuando es necesario. Hemos tratado de instruir a las autoridades para poder reconocer cuando podrían hacer las liberaciones sin que los animales se afecten demasiado. Un buen número de los animales decomisados mueren. Nuestros reportes de mortalidad, año con año, siempre han andado en alrededor del 40 por ciento.

P: Cuándo se piensa en países centroamericanos, en los que se necesita tanta inversión de fondos en el mantenimiento de los parques y las áreas protegidas ¿Cómo podemos justificar el que se den fondos para el rescate de una pequeña población de vida silvestre cuándo se requiere la protección del total de la población?

Ramos: Actualmente en el mundo científico y académico el rescate de fauna es cuestionado: ¿Hasta dónde el rescate de estos individuos y los recursos que implican inciden en la población silvestre, que es el objetivo último de la conservación? Yo no tengo la respuesta para eso, pero sí puedo decir que el papel educativo que tiene el manejo de la fauna decomisada es enorme. El público en general no tiene un gran contacto con la fauna silvestre: lo que más ve son los animales decomisados y no la población silvestre. Es mucho más fácil sensibilizar a través de estos animales que haciendo programas de conservación — que no digo que no deban hacerse. Como proceso educativo se trata de cambiar los patrones de comportamiento en el uso de la fauna silvestre. El problema es que se usa inadecuadamente y por eso se provocan, entre comillas, los decomisos.

Hasbún: En una forma práctica, si no hay rescate no hay decomisos. En otras palabras, la Ley de Conservación de Vida Silvestre — en la cual FUNZEL participó activamente en el cabildeo de su aprobación y promulgación, fue la primera ley a nivel nacional. Esta ley nunca se hubiera promulgado si no hubiera habido un lugar donde recibir a los animales. Para implementar o aplicar la legislación de la conservación de la vida silvestre en El Salvador, tenía que haber un lugar idóneo para rescatar y depositar a estos animales, con el fin de ponerlos en algún lugar. También representa un incentivo para la Policía Nacional Civil el saber que existe un lugar adecuado para ubicar a los animales. Si no hubiese un centro de rescate o iniciativas de rescate de los animales, no se estuviera aplicando la ley con tanto rigor como se está aplicando actualmente, lo cual tiene un efecto directo en las poblaciones silvestres. Concuerdo con que hay prioridades nacionales que deben enfocar esos esfuerzos de protección de ecosistemas, áreas naturales y hábitats silvestres donde habitan estos animales. Pero con base en la instrumentalización de un centro de rescate se ayuda en forma directa y práctica a la aplicación de la Ley de Conservación de Vida Silvestre en el país.

Ricord: No es que estemos enfatizando la acción y olvidándonos de las áreas naturales. Son dos ideas paralelas que en nuestro programa de concienciación enfatizamos mucho, tanto a nivel político como a nivel de empresa privada y de sociedad en general. El Centro de Rescate es una respuesta inmediata a una situación concreta, pero nuestros esfuerzos también se dirigen hacia el establecimiento de áreas naturales protegidas y a una mayor acción de los distintos sectores de la población en esto. De hecho los tres estamos trabajando en otras iniciativas: Luis Ramos en el Corredor Biológico Mesoamericano; Carlos Roberto Hasbún y yo en Actividades Habilitadoras de la Biodiversidad, lo cual complementa todos los esfuerzos que, como voluntarios, estamos realizando en FUNZEL. Precisamente una de las principales características de la fundación es que ha logrado generar un diálogo a la altura política sobre estos temas. No vemos al Centro de Rescate como algo aislado de lo que puede ser una política regional de áreas protegidas.

P: ¿Ustedes son voluntarios dentro de FUNZEL?

Ricord: Todos somos totalmente voluntarios desde hace diez años cuando Carlos Roberto Hasbún creó FUNZEL. No devengamos un salario, salvo que exista un proyecto de por medio que coordinemos, pero en muy pocas ocasiones se ha dado y son sueldos simbólicos. Nuestra participación es totalmente ad honorem y procuramos hacer el tiempo fuera de nuestro horario de trabajo. Contamos con una asistente administrativa y un asistente enfermero quien se ha entrenado. Nuestro trabajo es como un apostolado — estamos convencidos de lo que estamos haciendo y todavía luchamos contra corriente.

P: Entonces FUNZEL les da algún tipo de satisfacción ¿Qué podría ser para cada uno de ustedes eso?

Ricord: Son muy pocas las veces en las que veo claramente que hay una receptividad a nivel de decisores políticos, pero sí he notado que nuestra labor ha penetrado muchísimo en niveles técnicos. Te hablo de la Policía Nacional Civil, de los agentes aduaneros, de muchas personas que no sabían absolutamente nada del tema. Con ellos hemos logrado que tomen conciencia y les preparamos y editamos una guía de especies comercializadas con el apoyo financiero de PROARCA/CAPAS [un proyecto de conservación regional, apoyado por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional; presione aquí para leer sobre los objetivos y conclusiones de este proyecto]. Esa es una satisfacción muy grande. Hay mucha gente que no tiene nada que ver con medioambiente o con FUNZEL y que ahora dice que no hay que comprar animales silvestres en la calle. ¿Por qué no lo hacen? Porque FUNZEL ha estado detrás de toda esta concienciación masiva que se ha hecho, por nuestra actitud hacia la fauna.

Hasbún: Siempre he sentido una misión en la vida y lo más lógico es trabajar par la vida misma. El trabajo en sí es muy motivante cuando uno ve el efecto de cascada o el efecto de multiplicación de conocimientos, cuando hablas con otras personas y ves que el mensaje de la Fundación Zoológica lleva a un pueblo en general y está siendo aceptado por varias personas. Eso para mí es muy alentador.

Ramos: Los animales, todos en sus diferentes formas y especies, tienen sus propias formas de transmitir sus energías — por no decir sentimientos. Eso me causa satisfacción. Cuando logro participar con ellos, hay una comunicación más allá de la humana o de la imaginable. Es muy retribuyente cuando uno se pone en contacto directo con los animales. Uno va agregando anécdotas de animales que deberían ser fieros y de repente se presentan dóciles. No puede uno evitar pensar que quizás haya un reconocimiento por parte de ellos.

Visite el perfil de este proyecto, disponible en la base de datos del Eco-Index.

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