Plantas con Valor Agregado en los Bosques Secos de México

La región de San Luis Potosí, en el norte mexicano, no solo representa una zona de gran biodiversidad donde conviven también poblaciones rurales. Es, además, el punto de partida de una iniciativa en la cual las comunidades transforman plantas medicinales en productos de mercado y son socias en un proyecto de bioprospección que busca el potencial descubrimiento de fármacos y herbicidas naturales.

Ilustración por Allan Núñez ('Nano')Esto, gracias a un proyecto impulsado en la región por el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Este forma parte, a su vez, de una iniciativa más amplia que se lleva a cabo en México, Argentina, Chile y Estados Unidos y en la que participan el International Cooperative Biodiversity Group, la Universidad de Arizona, el Instituto de Recursos Biológicos de Buenos Aires, la Universidad Nacional de la Patagonia y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

El proyecto, denominado “Agentes Bioactivos de Plantas Zonas Áridas de Latinoamérica”, tiene como objetivo obtener fármacos a partir de productos naturales con el fin de combatir enfermedades tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. Pero no se trata de una actividad controlada únicamente por académicos. De acuerdo con Robert Bye, Director del Jardín Botánico de la UNAM, existe un convenio firmado con el municipio en el cual este, junto con la universidad, participa en el descubrimiento y obtiene el 50% de las regalías en el caso de que la búsqueda resulte en un producto con valor comercial.

“La Universidad no va difundir información sobre el potencial uso comercial [de los plantas] sin consultarle primero a las comunidades”, señala Bye. Es por eso que se parte de un principio de confidencialidad a partir del cual un producto con valor económico no se publica directamente. “No se puede trabajar con compañías cuando ya se ha divulgado el conocimiento científico por medio de una publicación”, afirma Bye. “No les interesa y prefieren hacerlo por sí mismas”. Este piensa, además, que la universidad debe trabajar en conjunto con las comunidades y con las organizaciones locales y no publicar únicamente artículos científicos que le den la oportunidad a cualquier persona o industria de establecer una patente, sin que las comunidades reciban algún beneficio por sus recursos.

La confidencialidad del proyecto es tal que los extractos que se envían a la Universidad de Arizona para su análisis llevan una clave que impide conocer el tipo de planta al cual pertenece el extracto.

Otro aspecto que resalta Bye es la intención de no apropiarse de alguna información particular, debido a lo cual no trabajan con chamanes, sino que parten de plantas de las cuales existe un conocimiento popular extendido. “El proyecto busca la implementación del Convenio sobre Diversidad Biológica y por eso se enfoca en la conservación y en la forma de aprovechar y compartir beneficios”, sostiene Bye.

El Convenio sobre Diversidad Biológica fue elaborado en la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, en 1992 y ha sido firmado por 168 naciones. Los países signatarios se comprometen a conservar y usar sosteniblemente los recursos biológicos, así como distribuir equitativamente los beneficios que se deriven de ese uso. La convención, que también reconoce el derecho de los países a regular el acceso a la biodiversidad, no ha sido ratificada por los Estados Unidos. México la ratificó en 1993.

El proyecto en San Luis Potosí lleva tan solo tres años, lo cual es poco si se toma en cuenta que para lograr resultados en bioprospección se requiere, con un poco de suerte, entre 10 y 20 años.

En San Luis Potosí, la sobrecolecta de plantas, además de otros impactos ambientales como la alteración del hábitat debido a la extracción de leña, cal y madera para carbón, ha provocado la reducción de muchas especies. Es por eso que el proyecto impulsa también la propagación e, incluso, la reintroducción de plantas que han desaparecido del sitio, como es el caso de la Flor de Chocolate (Cosmos atrosanguineus), denominada así por su aroma y su color oscuro intenso. Esta planta endémica, es decir, proveniente únicamente de esta zona, fue muy abundante en el siglo XIX. Actualmente forma parte de un programa de reintroducción, gracias a la existencia de cultivos de tejidos in vitro. Otra planta característica de la región es una especie de menta o toronjil (Agastache palmeri), que se utiliza contra el stress y para calmar los nervios.

Productos a partir de plantas

Una de las actividades tradicionales de la zona es ciertamente la colecta y venta de plantas medicinales en los mercados locales. Pero la práctica se realiza con la planta seca en trozos o fresca, pero sin ningún otro valor agregado.

Es por eso que, paralelamente a las actividades de bioprospección, se trabaja con “ejidatarios”, que son los concesionarios de los terrenos que se ubican en la Zona de Protección Forestal y Refugio de la Fauna Silvestre Sierra de Álvarez, en el desarrollo de parcelas experimentales, a fin de mejorar la propagación de plantas medicinales. También se lleva a cabo un proyecto de capacitación y sensibilización de escolares y mujeres de la comunidad de San Francisco sobre el aprovechamiento de plantas medicinales y las herramientas que pueden transformarlas en productos con valor de mercado.

Estos proyectos con comunidades son financiados por el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y benefician a un grupo de 35 mujeres, 60 niños de secundaria y 200 ejidatarios que ponen a disposición parte de sus terrenos para desarrollar las parcelas experimentales.

El proyecto trabaja específicamente con las especies de plantas medicinales conocidas como: raíz de indio (Iostephane hterophylla), cabezona (Grindelia palmeri), betónica (Agastache palmeri), flor de acocotillo (Prionosciadium watsoni) y laurel (Litsea glaucescens). De acuerdo con Myrna Mendoza, técnica de proyecto, estas plantas se utilizan respectivamente para curar golpes, inflamaciones, afecciones del sistema nervioso y dolencias estomacales. El laurel, por su parte, es una hierba aromática cotizada.

Los escolares han recibido capacitación sobre la propagación de estas plantas y las mujeres, sobre los preparados galénicos, con el fin de motivarlas a transformar las plantas en productos tales como jabones, cremas, jarabes y tés.

Para esto se coordinan acciones con el programa gubernamental “Progresa”, que brinda capacitación y apoyo a mujeres principalmente en el área de la salud.

El proyecto de aprovechamiento de plantas medicinales con las comunidades tiene una duración de tres años y se encuentra actualmente en el segundo año. De acuerdo con Mendoza, gracias al gran interés que existe por parte de los participantes, es posible que se gestionen los fondos para continuar en el futuro. El fin último es que el aprovechamiento de las plantas medicinales sea sustentable y de beneficio para los pobladores de San Luis Potosí.

— Katiana Murillo

Contactos en el Jardín Botánico, Universidad Autónoma de México:

Robert Bye
tel: 525/556-22-9046
rbye@ibiologia.unam.mx

Myrna Mendoza
tel: 525/556-22-9057
miran@ibiologia.unam.mx

Para leer una lista de otros proyectos que están recibiendo apoyo del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, visite el Eco-Index:
www.eco-index.org/search/menus.cfm?funderID=366

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