Guisselle Monge Arias y Olivier Chassot, codirectores del proyecto Investigación y Conservación de la Lapa Verde, del Centro Científico Tropical

Entrevista realizada por Nuria Bolaños, para Rainforest Alliance (Alianza para Bosques)

“El proyecto ha sido exitoso en cuanto al conocimiento adquirido sobre la biología de la lapa verde y la concienciación de la gente. No así en el sentido de evitar la pérdida de bosque, para lo cual vale más la voluntad política que el esfuerzo que nosotros pongamos”.

Photo by www.danheller.comEl proyecto de investigación y conservación de la lapa verde (Ara ambigua), que respalda el Centro Científico Tropical en la zona norte de Costa Rica, busca aplicar los datos obtenidos en ocho años de investigación sobre la ecología de la lapa verde en la elaboración de estrategias de conservación que permitan salvar a la especie y su hábitat.

A continuación Guisselle Monge habla sobre algunos de los principales logros y obstáculos que ella ha enfrentado, con su colega Olivier Chassot.

Pregunta: Lo interesante del trabajo d ustedes es que inició como una investigación científica y terminó como una estrategia conservacionista, ¿Es así?

Monge: El investigador George Powell trabajaba con especies en vías de extinción, entre ellas con la lapa verde y se dio cuenta de que estaba amenazada. Realmente nada se conocía en Costa Rica sobre la biología de esta especie. Su interés era conocer más sobre esta y los factores que estaban llevándola a la extinción. En 1994, se inició con algo muy básico: el monitoreo y conteo de nidos. Fue un trabajo muy intenso, más que todo con ayuda de la gente de las comunidades y los propietarios de fincas, quienes conocen bien la zona. Hasta hoy se han podido reportar 60 nidos que en algún momento han estado activos.

El segundo nivel fue conocer sobre la alimentación: de cuáles especies de árboles se alimentaba la lapa, y hasta el momento se tienen reportadas 38 especies. La más importante es el almendro (Dipteryx panamensis), que constituye el 90 por ciento de su alimentación y el 80% del sustrato de anidación. Un tercer nivel fue el tipo de hábitat. Se determinó diferentes tipos de hábitat y en lo que se está trabajando ahora es en la migración.

La idea era constituir una buena base científica sobre la especie y a raíz de eso crear estrategias de conservación para la misma. Por eso, el año pasado iniciamos la parte meramente de conservación trabajando una propuesta para la creación del propuesto Parque Nacional Maquenque y el establecimiento del Corredor Biológico San Juan — La Selva. Estamos usando la lapa verde como una especie sombrilla o bandera. Es decir que, protegiendo a la lapa verde, se puede lograr la conservación de muchas otras especies que dependen de los mismos recursos.

George Powell decía que quería saber cuál era el factor que estaba haciendo que la población de lapas verdes disminuyera, entonces se estudió si el factor era la escasez de nidos, pero se comprobó que no era así. Luego se pensó en la extracción y en el comercio, y se trabajó en educación ambiental. De 1998 para adelante ya no se tiene ningún nido reportado como robado.

Los estudios de cobertura forestal de la zona determinaron que la problemática más grande era la pérdida del hábitat: si el árbol de almendro representa un 90% en alimentación y un 80 por ciento en la anidación y se está destruyendo junto con el resto del bosque, entonces significa que es el factor más grave. Por eso, si conocemos la problemática, la estrategia para la conservación es la protección de las 30,159 ha que quedan de bosque primario, secundario y de humedales en la zona de anidamiento de la lapa verde.

Desde las riberas del Río San Juan vemos cómo las lapas se cruzan de un lado a otro. Estamos un poco tranquilos porque del lado de Nicaragua está la Gran Reserva Indio Maíz, que tiene más de 2600 km2 protegidos. Entonces, uno piensa que si se llega a acabar el bosque del lado tico entonces por lo menos pueden irse al lado de Nicaragua, pero siempre hay una parte importante en el lado de Costa Rica para el flujo entre ellas.

Por lo que con toda esta iniciativa del Corredor Biológico Mesoamericano se pensó en un corredor, no sólo para la lapa, sino para otras especies como el jaguar, con el fin de que pudieran desplazarse desde la gran reserva Indio Maíz por la zona del Parque Maquenque y conectando con la Estación Biológica La Selva y el Parque Nacional Braulio Carrillo en Costa Rica.

P: En todo este proceso ustedes han encontrado diferentes tipos de personas, ¿Cómo se puede trabajar con tanta gente con intereses tan diferentes?

Monge: En un principio se trabajó con la gente local porque uno de los problemas que existía era la extracción de pichones para la venta a lodges, hoteles y venta en el extranjero. Se puso en marcha un programa de educación ambiental de un año y medio y ahora la gente tiene mucha conciencia. Los propietarios de las fincas nos buscan para informarnos sobre nidos nuevos. Esto ha sido muy bueno.

Después están los investigadores: biólogos que vienen de diferentes países, en especial de Latinoamérica. Un objetivo de nuestras propuestas es capacitar principalmente a los latinos. Así nos hemos enriquecido con diferentes puntos de vista y con diferentes formas de trabajar.

Hace pocos años se buscó una lapa que tiene un transmisor, seguirla y no encontrarla. Se hace un sobrevuelo y se ve que la señal está del lado de Nicaragua. Se continúa por tierra y se obtiene una señal muy fuerte en dirección a una casa, entonces se va hasta la casa y el señor dice: “bueno le disparé a una lapa porque necesitábamos comer, hice una sopa y tenía este aparatito en el cuello” En estos casos, si bien es una pérdida del animal, también es un dato pues sabemos hasta dónde se desplazó esa lapa del otro lado.

Realmente la problemática en la parte sur de Nicaragua es muy diferente a la parte de Costa Rica. Las condiciones de vida en ese país son de una gran pobreza; la mayoría cazan para subsistir, no para deporte o comercio. Entonces hay que tener mucho cuidado y respetar sus costumbres. Les hablamos de la especie, su importancia, el peligro de extinción que no conoce fronteras, así como las acciones de conservación que se están realizando.

Con la Fundación del Río, una ONG en Nicaragua, hemos iniciado algunas acciones para estrechar los lazos en pro de la conservación de los recursos naturales entre ambos países. Hemos hecho talleres con jóvenes, con miembros del ministerio del ambiente, y con el ejercito nacional, que apoya a la gente del ministerio en los decomisos. La idea es que pronto nuestros amigos de Nicaragua puedan empezar a monitorear a la lapa verde, a capacitar grupos de Comités de Vigilancia de los Recursos Naturales, a restringir la corta de almendro y a proteger esa inmensa riqueza que poseen.

A otro nivel están los políticos. Es bastante difícil porque falta mucha voluntad política, no sólo a nivel del Ministerio del Ambiente, sino también de las altas esferas. A pesar de que la propuesta de crear el Parque Nacional Maquenque se viene gestionando desde 1992, si revisamos la zona nos damos cuenta de que no existen áreas protegidas. Hay dos humedales que se han establecido por decreto, así como una reserva forestal que es privada y se explota igual que si no estuviera protegida. Lo más importante en la zona es la presencia de bosques de almendro, característicos de la región. Se ha luchado bastante por conservar este bosque de la zona y estamos esperando el cambio de gobierno para ver si los nuevos líderes son más abiertos a la necesidad de actuar.

Al principio se nos veía más como gente del MINAE [Ministerio de Ambiente y Energía] que iba a hacer decomisos pero se les daba una explicación de quiénes éramos, en qué trabajábamos y nuestros objetivos. También se les ha incentivado para que reporten nidos de las lapas en la zona. Existe una organización que se llama Asociación para el Bienestar Ambiental de Sarapiquí. Ellos se han enfocado en conseguir fondos cada año para realizar una pequeña premiación de todos los propietarios que nosotros les indiquemos que están cuidando los nidos. La gente se ha motivado y ha cooperado bastante. Los propietarios de fincas nos han dicho: “ustedes pueden entrar en cualquier momento a hacer el monitoreo los nidos. Si tienen que marcar algún árbol pueden hacerlo”.

Por otro lado, debido a los fallos del gobierno costarricense en la protección de esta especie, se contactó a una organización ambiental jurídica, denominada Justicia para la Naturaleza, con el fin de tomar acciones legales para detener la destrucción de los remanentes de hábitat de anidamiento de la especie. De esta forma, se interpuso un recurso de amparo ante la Sala Constitucional en contra del MINAE, exigiendo que el Estado emita un decreto para prohibir la corta y aprovechamiento del árbol de almendro en todo el territorio nacional. Actualmente se está a la espera del proceso.

P: ¿Qué pasa con el sector maderero en la zona?

Monge: Nosotros no nos hemos metido mucho con ellos porque como tenemos que hacer visitas en todas las fincas para monitorear, no queremos hacer denuncias cada vez que vemos que se están extrayendo madera ilegal de alguna de ellas. Lo que hacemos es indirectamente reportar la extracción de madera a grupos que sí denuncian como la Asociación Preservacionista de la Flora y Fauna Silvestre.

Por otro lado está la Comisión Nacional Lapa Verde, formada por 12 o 13 organizaciones diferentes que incluyen madereros, gobierno (representado por el MINAE), ambientalistas y organizaciones comunales. Al principio, los madereros asistían mucho a estas reuniones porque la Comisión se creó por decreto como un ente asesor del MINAE para todo lo que era manejo del bosque y permisos en esta zona. Al principio tenían mucho interés en saber qué era lo que estaba pasando, pero como en realidad vieron que la Comisión era muy pasiva y no representaba un oponente muy fuerte, entonces ahora no participan como lo hacían antes.

Ellos se han dado cuenta de que en la zona se ha extraído bastante bosque, que el recurso que queda ya no es suficiente para permitir un manejo a gran escala. Entonces están apoyando la creación del Parque Maquenque porque necesitan tener un banco de semillas de todas las especies de árboles de esa zona y que si se corta todo el bosque no va a quedar nada.

Nos dimos cuenta que en Nicaragua también se está explotando grandemente el almendro en la zona de amortiguamiento de la Gran Reserva Indio-Maíz. Lo más triste de todo es que los que explotan son madereros ticos. Es muy contradictorio cómo nosotros aquí estamos muy felices de que la lapa verde tenga un lugar a donde ir en Nicaragua cuando se exterminen los bosques de la zona norte, pero la realidad es otra: a nuestros compatriotas no les basta acabar con nuestros bosques, sino que también lo hacen con los de nuestro hermano país. Estos le pagan a los campesinos nicaragüenses el equivalente a ¢ 5000 (alrededor de $15) por almendro, lo traen a Costa Rica y sacan por lo menos ¢ 500.000 por su venta (alrededor de $1450).

P: ¿Qué les podrían decir ustedes a otros biólogos que estén a punto de comenzar en algo así?

Monge: Para nosotros el privilegio más grande es haber sido los pioneros en esta zona y con esta especie, porque a nivel de Costa Rica es la única zona donde se encuentra y no había sido estudiada nunca. Arrancamos de cero con la especie.

Otra de las cosas por considerar es que hay que ser bien fuerte en el sentido de que las condiciones son muy duras; el terreno a veces es muy inclinado. A veces hay que caminar bastante: como 2 o 3 horas. También hay muchos insectos, mosquitos y barro y a veces uno sale a las 6 a.m. y llega a las 6 p.m., se prepara su comida, y a las 7 u 8 ya no tiene energía para nada.

Fue duro para nosotros conocer que muchos de los nidos se han abandonado porque fueron invadidos por las abejas asesinas y las lapas dejaron de utilizarlos. Para el año 2000 estábamos trabajando con uno de los nidos, donde primero se verificó que no hubiera abejas asesinas. El compañero que tiene más experiencia en las capturas [para marcarlos], don Ulises, colocó todo el equipo y esperamos. Nada más era subir, bajarlas, ponerles el transmisor del radio y pesarlas. Ulises normalmente lleva un traje contra abejas asesinas, pero esta vez como ya se había puesto todo el equipo, no tenía nada, y estando arriba nos hizo señas de que nos corriéramos.

Todos nos corrimos y un kilómetro más allá empezamos a observar con los binoculares que habían abejas asesinas. Él estuvo como tres horas en el árbol, esperando por la lluvia, porque si hay lluvia ellas se calman y se van. Pero ese era un día con mucho sol. Nosotros no sabíamos qué hacer; nunca habíamos pensado en una estrategia por si pasaba algo igual. No podíamos acercarnos porque nos podían seguir. El lugar era abierto. No había ningún sitio para protegerse, ni una quebrada para ponerse a salvo. Empezamos a ver cómo se iba poniendo negro de puras abejas. Enviamos a una persona al pueblo, que quedaba como a dos horas, para llamar a la Cruz Roja. Nosotros nos quedamos vigilando y esperando que estuviera vivo.

Luego llovió y en ese momento, después de tres horas, él bajó bien rápido y corrió hacia nosotros y le dimos agua. Después de un rato llegó la Cruz Roja y le pusieron suero. Después nos dijo ya más tranquilo que él cree que fue un milagro. Fueron tantas las abejas que lo picaron que ya no podía ni abrir los ojos, ni pensar, ni nada. Debajo del árbol había un grupo de vacas que él contaba para no desvanecerse. Dicen que normalmente alguien con tantas picaduras de abejas no logra sobrevivir.

Ulises fue como un héroe porque se preocupó de que las lapas no resultaran dañadas. Liberó las dos que estaban dentro del nido y se sentó en la boca del nido para que los pichones no fueran atacados. Con las abejas asesinas hemos visto que son comunes en zonas abiertas y deforestadas, que invaden cada vez más. Ahora, antes de preparar una captura, revisamos muy bien para percatarnos de que no hayan abejas.

Otra cosa muy difícil es la consecución de fondos: los donantes dan para el primer año pero cuando se solicita para el segundo ellos no financian. Normalmente un proyecto no dura tantos años. Este proyecto tiene 8 años y ha sido financiado cada año por un donante diferente. Nuestra idea es que con la creación del parque nacional y del corredor se siga monitoreando la especie para conocer si realmente las estrategias de conservación han valido la pena o si la especie va a llegar a extinguirse del todo.

En realidad, somos un proyecto totalmente independiente, en el cual asumimos todos los compromisos: monitoreo, análisis de datos, estrategias de conservación, búsqueda de fondos, contabilidad, etc. Es un trabajo muy agotador, sin días libres y sin vacaciones.

Quisiéramos terminar el proyecto en el momento en que esté consolidado el Parque Nacional Maquenque y el corredor. Gracias al programa de monitoreo y evaluación de la población de lapa verde, así como también a los datos de pérdida de hábitat y cobertura forestal, nos hemos podido dar cuenta que el proyecto ha sido exitoso en cuanto al conocimiento adquirido sobre la biología de la especie Ara ambigua y la concienciación de la gente. No así en el sentido de evitar la pérdida de bosque, para lo cual vale más la voluntad política que el esfuerzo que nosotros pongamos.

Visite el perfil de este proyecto, disponible en la base de datos del Eco-Index.

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