Laura Martínez Ríos, directora, PRO ESTEROS, México

Entrevista realizada por Nuria Bolaños, para Rainforest Alliance (Alianza para Bosques)

“Hay comunidades que se involucran tanto que después ellos terminan formando su propio grupo — lo cual es exactamente lo que queremos — y empiezan a buscar sus propias actividades y su propia identidad. Nos pasó en San Ignacio, un poblado muy pequeñito….”

PRO ESTEROS es una ONG de México que tiene como misión proteger y conservar las lagunas costeras en la Península de Baja California, a través de la investigación, educación, concertación y conservación. Según Martínez Ríos: “PRO ESTEROS se fundó en 1988 como un grupo voluntario binacional. Hemos sufrido cambios a lo largo de estos años, pero aquí nos mantenemos muy, muy, firmes. Somos el grupo de conservación con más tiempo en la península de Baja California. Muchos de los miembros de nuestro consejo asesor son investigadores tanto mexicanos, como norteamericanos y con la ayuda de todos ellos se han ido formando, poco a poco, nuestras políticas de trabajo. Estamos muy satisfechos y con muchas ganas de seguir.”

Martínez: La experiencia que hemos tenido en PRO ESTEROS con la educación ambiental es que realmente ha sido la que nos ha abierto las puertas en muchas comunidades aquí en la península de Baja California, ya que en ocasiones son comunidades muy remotas de hasta 500 personas, usualmente gente que trabaja en cooperativas ya sea de acuacultura, agricultura o de pesca. Al estar tan lejos de los centros de población ellos se sienten relegados. Cuando vienen gentes de afuera, ellos no quieren oír programas de gobierno y no quieren que vengan gentes a imponerles nada.

Nosotros, como organización civil, llegamos y les comentamos del material educativo que tenemos, que todos van dirigidos a la protección de los humedales y empezamos a trabajar en alguna escuela — generalmente de secundaria es el rubro que siempre escogemos. Empezamos a tener actividades con los estudiantes y los maestros, lo que llamamos clubes juveniles, porque son actividades extra escolares. Esto les ha permitido a los muchachos ir conociendo mejor los humedales y su medio ambiente. Poco a poco se han ido incorporando los papás.

Ya después de que empezamos a tener alguna interacción con los papás, empiezan a platicarnos de los problemas que tienen, de las preocupaciones que tienen respecto a los recursos naturales. Eso nos permite a nosotros empezar a realizar algunos proyectos de investigación para conocer un poco más a fondo sus recursos naturales — si tienen problemas de contaminación en su humedal, la productividad que tienen, si hay proyectos que amenacen su humedal, si faltan ordenamientos, etc. Nos vamos a la parte científica que ellos normalmente, no tienen.

Después de hacer algún proyecto científico, nuestra función implica regresar ese conocimiento a la comunidad, en palabras sencillas. Ahí nuestro programa educativo vuelve a entrar otra vez a trabajo. Hacemos talleres con los papás, con los mismos pescadores, actividades de verano con los estudiantes mayores, de limpieza en las comunidades, entre muchas otras.

Por ejemplo, en una comunidad muy remotas los padres decidieron forma una comisión para la defensa de los recursos naturales, y en una otra formaron un patronato para la protección de los recursos naturales. Después de este pequeño proceso, la conservación empieza a surgir ya de la misma comunidad. Estamos conscientes de que tenemos nuestra oficina en la punta norte de la península, y estas personas están muy, pero muy, alejados de cualquier otro centro de población. Cuando ellos mismos empiezan a tomar como propia la responsabilidad de conservación en su sitio, entonces las cosas son muy diferentes. Nos piden información y nos mantenemos en contacto. Estas dos organizaciones que se formaron crearon su mesa directiva y sus estatutos. Se les ha dado una serie de guías que nosotros hemos usado también, algunas de Nature Conservancy y otras guías para buscar financiamientos, como se manejan las mesas directivas, y capacitaciones en diferentes formas.

Otro pequeño grupo nos pidió un curso de microempresas, porque se daban cuenta de que habían comercializado muy bien sus recursos marinos, pero de las otras actividades económicas en la comunidad no habían tenido mucho auge y no pueden, toda una comunidad, vivir de una sola actividad productiva. Entonces pidieron el taller de microempresas y empezaron a entender mejor lo que era el mercadeo y las cuotas y los gastos que deben de tener. Vimos mucho avance por parte de ellos.

Ya de ahí ha surgido una comunidad mucho más participativa, una comunidad mucho más decidida a conservar sus propios recursos y empiezan a ver otras alternativas económicas. Se dan cuenta de que al estar alejados de la población tiene sus ventajas y desventajas. Tienen las posibilidades de poner sus reglas — por ejemplo, si traemos turismo, ¿qué tipo de turismo vamos a traer? ¿qué tipo de actividades turísticas podemos elegir? No queremos un hotel de cinco estrellas, pero si podemos tener un turismo de observación de aves, de surfeo, científico, de bajo impacto?

Efectivamente, con esas comunidades empezamos — literalmente — con los programas educativos en un primer paso. Y de ahí claro que surgen muchas cosas a lo que verdaderamente busca PRO ESTEROS: a crear un sentido de responsabilidad compartida. Todo es parte de los programas educativos que les hemos llevado, es como nuestra llave de entrada a muchas comunidades.

A veces no es fácil integrarse a una comunidad con pescadores, gente que así ha trabajado toda su vida, y que tu vengas a decirle que así está bien y que no está bien, no siempre les gusta. No puedo decirte que todo el mundo ha cambiado. Ha sido muy halagador ver que la gente nos permite entrar, empieza a platicarnos y después ellos son los que se acercan para manifestarnos sus preocupaciones. Nos han pedido a veces una orientación, un consejo, o también un enlace con otros organismos, así es como ha ido funcionando. A través de nosotros en una comunidad, se contactaron con fundaciones que una les ayudó a conseguir un aula más para unos maestros que necesitaban quedarse ya en la comunidad. Cuando ya conformaron las organizaciones para la defensa de los recursos, consiguieron a través de esta fundación que les compraran su computadora, un escritorio, una pequeña fuente de luz de paneles solares. Así poco a poco se han ido adaptando a los cambios positivos.

Hay comunidades que se involucran tanto que después ellos terminan formando su propio grupo — lo cual es exactamente lo que queremos – y empiezan a buscar sus propias actividades y su propia identidad. Nos pasó en San Ignacio, un poblado muy pequeñito. Esos muchachos, después de haber estado en un proyecto de educación, les entró mucho entusiasmo y decidieron formar su propio grupo y se llamaron Eco Amigos Calafia — Calafia por la península. Se pusieron muy activos. Por ejemplo decidieron hacer una semana de limpieza en la placita y ponen sus letreros y señalamiento. Hicieron también una semana para juntar libros para su biblioteca, y otras actividades.

En San Ignacio, como en otras comunidades, empezamos con los muchachos de secundaria, porque, en la mayoría de estos pueblos, ellos casi no tienen nada que hacer. En la primaria están todavía muy apegados a su casa y mucho más al cuidado de sus papás. En secundaria, muchos de los muchachos, después de las clases, no tienen casi actividades y en esas comunidades, donde solo hay luz una horas, muy poca televisión, ningún cine. Entonces es muy fácil que se vayan a actividades de drogas o delincuencia. Por eso lo tratamos como un club juvenil, porque por un lado queremos que ellos conozcan muy bien los conceptos de humedales, de flora y fauna, pero también pueden hacer una serie de actividades: formar estos pequeños grupos juveniles para limpiezas de playas, para cuidar un estero, para hacer señalamientos, para hacer observación de aves, y cosas por ese estilo.

De este grupo de jóvenes en San Ignacio, uno de los muchachos, el año pasado, logramos que se pusieran en contacto con grupos juveniles a nivel de México. Hicieron un primer foro de grupos ambientalistas juveniles, la Cámara de Diputados de México le pagó el pasaje a este muchacho. Fue a Cuernavaca y convivió con muchos jóvenes de la edad de el — de 14 o 15 años, que habían tenido grupos, o que formaban grupos, o que trabajaban en actividades de medio ambiente. De ahí tomó muchísimos contactos — a pesar de que su comunidad es muy chiquita y muy remota — se dio cuenta de que por lo que ellos pasaban muchos otros también pasaban y muchos de los éxitos que se pueden tener.

Eso para mí es una historia muy bonita de éxito en función de lo que tu llevas y le das una semillita, les dices miren una estructura funciona así, un grupo se puede manejar de esta manera, no se les olvide el servicio a su comunidad. Y todo esto nosotros lo hacemos enfocado a los humedales que es nuestro tema, pero les dimos esa semillita y de ahí ellos partieron a muchas otras cosas. Sus alcances ya no tenían límite pues ellos iban viendo lo que su comunidad necesitaba.

Obtenga una lista de los proyectos ejecutados por Pro Esteros, cuyos perfiles están disponible en el Eco-Index.

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