Científicos Atrapan, Marcan y Rastrean a los Tapíres para Diseñar una Estrategia de Sobrevivencia

La brasileña Patricia Medici sabe cómo atrapar un tapir, mientras que el argentino Juan Pablo Juliá sabe cómo liberarlo. Ambos biólogos trabajan en proyectos que pretenden comprender mejor este solitario animal de extraña apariencia, y así salvar de la extinción al mamífero más grande de los bosques neotropicales.

Ilustración por Allan Núñez ('Nano')Medici y Juliá están estudiando al tapir de tierras bajas (Tapirus terrestris), encontrado en bosques ubicados desde el norte de Colombia hasta el norte de Argentina. Es herbívoro, y es una de las tres especies nativas de América Latina — la especie de tapir más grande y singular se encuentra en el sureste de Asia. Los tapires son los únicos miembros nativos en el continente americano, de los perisodáctilos, o sea, de pezuñas impares, el antiguo orden a la que pertenecen los caballos y los rinocerontes. Como sus parientes, está lejos de ser refinado, tiene un cuerpo de 1.9 m de largo y 85 cm de alto, con un peso de alrededor de 200 kg. A un extremo de su robusto cuerpo se haya una cola corta y regordeta, y al otro, un alargado labio superior que se curva hacia abajo, como si fuera una pequeña trompa de elefante. Ellos usan esta flexible probóscide como una herramienta para procurarse comida, olfateando sus plantas y frutas favoritas e introduciéndolas en su boca.

No es mucho lo que se sabe aún de los tapires, quienes deambulan silenciosamente durante la noche. Son especies en peligro de extinción porque sus hábitats boscosos están siendo talados y urbanizados rápidamente. El tapir no es muy prolífico, tienen sólo una cría al año, y son enormemente populares como presas. A pesar de su gran tamaño, son relativamente indefensos, y son fácilmente rastreados por los perros de cacería.

Como lo cuenta Patricia Medici, lo que es fácil para los sabuesos, resulta difícil para los biólogos. Ella ha pasado 12 horas noche tras noche, por tres meses, instalada en una plataforma montada en la copa de los árboles, en el Parque Morro do Diabo, cerca de Sao Paulo, en Brasil, esperando pacientemente por los tapires, que nunca aparecen. Ella y su equipo pronto se dieron cuenta que si estos animales podían oler la sal, un irresistible señuelo para los tapires, también podían percibir el pungente olor de los biólogos arriba de los árboles. Los científicos subieron un poco más las plataformas, fuera del alcance del olfato del tapir. La experimentación reveló la mejor forma para atrapar tapires es mediante trampas apenas lo suficientemente profundas como para evitar que escapen, pero sin causarles daño.

Medici, quien trabaja para un grupo sin fines de lucro de Brasil, llamado Instituto de Pesquisas Ecológicas, dice que el tapir capturado es tranquilo y se le puede pinchar fácilmente con un dardo tranquilizante. Luego de que la bióloga obtiene datos sobre el adormecido animal y de colocarle un radio collar, rellena la trampa para que cuando despierte, pueda simplemente alejarse trotando. Medici entonces lo rastrea con un radio receptor y registra sus movimientos en un mapa.

Este estudio empezó en 1996 en Morro do Diabo, que cuenta con 35.000 hectáreas de tierras bajas protegidas en los bosques lluviosos de la costa Atlántica, uno de los ecosistemas más amenazados de la Tierra. Solo resta el siete por ciento de este hábitat boscoso, y Morro do Diabo es el remanente más grande. Medici estima que existen cerca de 400 tapires en la reserva. Ella y sus colegas han atrapado, puesto collares y rastreado a 18 tapires en los últimos cinco años, y han aprendido muchísimo sobre sus hábitos y movimientos.

Sus descubrimientos contradicen algunas creencias sobre estos callados mamíferos. Por mucho tiempo se consideraron solitarios, pero los residentes de Morro do Diabo a menudo se desplazan en parejas, y no solamente aquellas predecibles de madre y cría, o de macho y hembra. Se les encuentra más a menudo cerca de los ríos u otras fuentes de agua, por lo que se creía que eran sedentarios. Pero el grupo que Medici rastreó mostró más bien que cubren una región amplia. “Descubrimos que se desplazan a través de los parajes, saliendo incluso del parque”, narra ella. “Y viajan bastante lejos, atravesando asentamientos humanos hasta llegar a otros fragmentos de bosque”.

Para salvaguardar la población de tapires, Medici quiere registrar en un mapa sus trayectorias y promover la protección de esos senderos. La idea es conectar los fragmentos de bosque preferidos por los tapires con corredores que le significarían a los animales un pasaje seguro. Ella llama a los tapires “detectives paisajistas”, ya que sus propios movimientos indican exactamente cuáles corredores y remanentes boscosos requieren de restauración y protección.

Ella señala que los tapires son extremadamente importantes para la salud y la biodiversidad de los bosques tropicales, porque están entre los mejores agentes dispersores de semillas. Como otros mamíferos herbívoros, carecen de las enzimas que les permitirían digerir la celulosa de las plantas, por lo que sus estómagos poseen cámaras separadas donde viven microorganismos que digieren las plantas que se comen. Debido a que este no es un sistema muy eficiente, deben ingerir grandes cantidades de plantas y frutas para obtener la energía suficiente y luego, en todo su ámbito, van dejando grandes cantidades de excrementos que contienen semillas y otros materiales no digeridos. Las semillas excretadas por los andariegos tapires brotarán y crecerán para convertirse en las plantas y árboles que brindarán abrigo y alimento tanto a los futuros tapires como a otros animales. “Morro do Diabo sería un bosque muy diferente si no tuviéramos los tapires”, reconoce Medici.

Contrariamente, los tapires desaparecieron de los bosques de la Provincia de Tucumán, al noroeste de Argentina, hace, aproximadamente, 60 años, víctimas de los cazadores y la destrucción de su hábitat. Pero investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán tienen planes ambiciosos para reintroducirlos en dos reservas posesión de la universidad.

El biólogo Juan Pablo Juliá explica que la universidad mantiene, en un criadero de 200 hectáreas, un grupo de siete tapires en semi cautiverio, en la Reserva Experimental Horco Molle. Los animales son extremadamente populares para los visitantes, y sirven como importantes embajadores de la educación ambiental.

El “Proyecto Tapir”, de la universidad, añadirá tapires silvestres al criadero de Horco Molle y luego de tres años los liberarán gradualmente en los bosques. Aunque Horco Molle es una reserva relativamente pequeña, la universidad posee también la cercana Reserva de San Javier, que cuenta con 14.000 ha. Todo lo que se necesita son corredores boscosos que conecten estas reservas con le resto de las reservas de la región.

“Creemos que los tapires son la especie abanderada”, dice Juliá. “Podemos usar a los tapires para cambiar actitudes entre los residentes locales, hacerlos que apoyen nuestro proyecto y que nos ayuden a establecer y conservar los corredores entre las dos reservas”.

El reconoce que las iniciativas para introducir animales silvestres en antiguos hábitats son a menudo criticadas debido a que son costosas y pocas veces tienen éxito. “Creo que esas críticas son válidas”, responde, “pero es una falacia creer que el éxito o fracaso de un proyecto se basa en la medida de si se establece una población viable o no. También se tienen que considerar los objetivos secundarios: educación ambiental, cambio de actitudes del público y la conservación de áreas asociadas con las especies que está tratando de introducir”.

En Tucumán son comunes la tala y la cacería ilegales, por lo que un decrecimiento de estas actividades sería una medida del éxito del proyecto, señala; añadiendo que si el Proyecto Tapir pudiera cambiar las actitudes de la gente, ese sería un logro todavía más significativo que el reestablecimiento de la población de tapires silvestres.

A principios de noviembre, Juliá y Medici intercambiaron datos y resultados sobre los tapires en una conferencia llevada a cabo en Costa Rica. El Primer Simposio Internacional sobre el Tapir fue patrocinado por el Grupo Especialista en Tapir de la Unión Mundial por la Conservación, el American Zoo y la Asociación de Acuarios, el Fondo para la Preservación del Tapir y otros grupos conservacionistas, zoológicos y fundaciones. Los científicos participantes están trabajando en un plan de manejo y conservación de los bosques para poder salvar a las cuatro especies de estos cuadrúpedos vegetarianos.

Contactos:

Patricia Medici
Instituto de Pesquisas Ecológicas
Rua Sergio Bernardino
1296 Centro
AVARE – SP Brazil CEP 18700-120
Tel-fax: 55/14-721-5989
Email: epmedici@uol.com.br

Juan Pablo Juliá
Univ Nac de Tucumán
Miguel Lillo 205
Tucumán 4000, Argentina
Web: www.csnat.unt.edu.ar/Reserva Horco Molle/index.htm

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