Bióloga Descubre que las Migraciones de los Loros Reales Señalan hacia la Necesidad de Proteger Diferentes Tipos de Bosques

A pesar de los problemas debidos a la cantidad creciente de colonos que cortan árboles ilegalmente y que inician fuegos que a menudo se salen de control, la Reserva de la Biosfera Maya es reconocida mundialmente por su enmarañada colección de flora y fauna. Miles de especies poco comunes encuentran refugio en los 1.6 millones de hectáreas del área protegida del norte de Guatemala. Pero los hábitos del loro real (Amazona farinosa) sugieren que la reserva no está protegiendo suficientes tipos de bosque. Por tres años, la bióloga Robin Bjork ha estado siguiendo, por medio de radiotelemetría, a estos grandes y ruidosos loros, y su investigación indica que, a no ser que se protejan los bosques que se encuentran fuera del límite sur de la reserva, los loros reales, y otras especies que comparten sus necesidades de hábitat, podrían desaparecer.

Ilustración por Allan Núñez ('Nano')Bjork colocó collares con radios a un total de 21 loros reales que anidan en el Parque Nacional Tikal, donde emergen, por sobre el dosel del bosque, los majestuosos templos Mayas. La Reserva de la Biosfera Maya, Tikal y otras varias áreas protegidas se encuentran ubicadas en una zona denominada El Petén, que encaja en la Península de Yucatán en México y al limita al este con Belice. Bjork y sus asistentes, a pie, y usando pequeñas avionetas, han podido seguir los movimientos de estos loros de casi 40 cm de tamaño, cargando las antenas que reciben las señales emitidas desde los collares.

La mayoría de los loros se desplazan sobre grandes extensiones de bosque, pero Bjork no estaba preparada para los movimientos que efectúan los loros que ella está estudiando. Ellos dejan sus zonas de anidación en junio y primero comienzan un paseo de unas pocas semanas, 40 – 80 km hacia el norte; luego cambian de curso y vuelan alrededor de 200 km hacia el sudoeste del Petén, llegando a veces hasta Chiapas en México. En diciembre y enero vuelven a sus hogares — regresando exactamente al sitio de anidación, que son huecos en grandes árboles tropicales. La mayoría de los loros anidan en bosques ancianos, debido a que las cavidades que necesitan sólo se encuentran en árboles viejos, cuya madera está comenzando a pudrirse. A menudo, los loros agrandan los huecos con sus picos.

Los loros reales son de color verde brillante, con plumas azuladas que matizan la parte de arriba de la cabeza y trasera del cuello. Cada ala tiene una pincelada escarlata y las puntas de su cola son amarillas pálidas.

Es su plumaje, prevalecientemente verde, lo que ayuda a explicar porque se sabe tan poco de sus hábitos, ya que estas aves generalmente se mantienen en la parte alta de las copas de los árboles, a 15 metros, donde es casi imposible verlas a simple vista, en medio de un denso follaje. Bjork dice que su investigación es uno de los pocos usando radiotelemetría para estudiar los loros grandes, y fue muy afortunada de tener acceso a pequeños aviones muy seguros, además del financiamiento para hacer los seguimientos aéreos. Su investigación, que es parte de su tesis de doctorado para la Universidad del Estado de Oregon, ha recibido el financiamiento de la Sociedad de la Conservación de la Vida Silvestre y de la Agencia de los EEUU para la Protección Ambiental, con apoyo adicional de la American Bird Conservancy y el Fondo Mundial para la Vida Silvestre.

Los loros reales, que se encuentran desde el sur de México hasta el oeste de Ecuador, Bolivia y el sudeste de Brasil, son bastante abundantes en áreas boscosas húmedas. Como muchos otros loros en el género Amazona, sus polluelos a menudo son robados de los nidos para el comercio de mascotas, pero la deforestación es su mayor amenaza. Debido a que los bosques del Petén, donde los loros pasan alrededor de cinco meses al año, no se encuentran protegidos y que la deforestación va en aumento — estas aves enfrentan un futuro incierto.

Bjork dice que en los mapas, todas los bosques del Petén usualmente son clasificados de la misma manera: como bosque tropical de altura. Por lo que al designar la Reserva Maya de la Biosfera, y otros tipos de parques de la región, el gobierno de Guatemala, y los asesores científicos es probable que asumieran que estaban protegiendo una franja de bosque de altura relativamente grande. Pero el estudio de Bjork revela que los bosques que parecen ser similares para los seres humanos son diferentes de manera crucial, para los loros reales.

La bióloga explica que “los loros reales nos están demostrando que específicamente en el Petén, hay diferencias en la vegetación que necesitamos tomar en cuenta para la planificación de áreas protegidas. Las aves nos están indicando donde están los diferentes tipos de hábitats, aún cuando para nosotros luzcan como todo de lo mismo”.

Ella sospecha que las migraciones de los loros reales están relacionados con la alimentación, aunque recién está comenzando la investigación que le confirmaría esta hipótesis. Su información preliminar indica que cuando las aves abandonan un área, la abundancia de frutos ha bajado considerablemente. Los loros se alimentan principalmente de frutos de árboles de bosques maduros, y parece que les gustan especialmente los frutos de especies de maderas duras conocidas comúnmente como “ramón” (Brosimum alicastrum), una especie que se está volviendo popular en el comercio de especies maderables.

Luego de tres años de estar persiguiendo aves del bosque, Bjork quiere usar sus hallazgos para identificar hábitats que son únicos en términos biológicos y proveer argumentos científicos para la protección de la biodiversidad en bosques de tierras bajas. Carlos Albacete, con el grupo ambiental Trópico Verde-Parks Watch Guatemala, conoce el estudio y cree que ayudará a probar que en la conservación de áreas protegidas, “no sólo el tamaño es importante, sino que también la ubicación, los factores climáticos y las dinámicas del bosque deben ser determinantes”. Señala que la investigación puede ser una herramienta técnica muy valiosa en al avance de la toma de decisiones acertadas. “Hasta ahora, las decisiones sobre qué proteger y qué no, han sido tomadas bajo un punto de vista más político y social que científico”, dice.

Bjork ha efectuado presentaciones a una coalición de grupos conservacionistas internacionales que está involucrada en diseñar planes de manejo para la Reserva de la Biosfera Maya, y a un grupo alemán que dirigió iniciativas para el desarrollo sostenible en el sudoeste de Petén, donde cada mes llegan campesinos que talan al ras y queman el bosque. Ella ha hablado con la Agencia Internacional para el Desarrollo, que dedica millones de dólares para la conservación de la reserva, y quizás lo más importante, ha logrado captar la atención del Consejo Nacional de Areas Protegidas de Guatemala.

El gobierno ha brindado concesiones madereras a varias pequeñas comunidades dentro de la Reserva de la Biosfera Maya, incluyendo un bosque que es el primer punto donde pasan los loros una vez que abandonan sus áreas de anidación. Bjork ha presentando sus datos y mapas para tratar de influir sobre el manejo forestal y el diseño de áreas protegidas para el futuro.

No cada bióloga en busca de un doctorado incluye tal trabajo de cabildeo en su disertación, pero Bjork cree que esa es su obligación. Ella dice que “hay una gran presión para el desarrollo en Guatemala con la exploración petrolera y la construcción de caminos. Si los biólogos no buscamos la manera de aplicar nuestras investigaciones directamente en la conservación, podríamos perder la oportunidad para identificar sitios que son críticos al mantenimiento de la biodiversidad antes de su desaparición”.

Ella espera buscar respuestas a otras cuestiones que cree que son importantes para el manejo del Petén y otros grandes sistemas de parques. Por ejemplo, quiere conocer más sobre la razón por la que sus loros marcados en Tikal migran, y descubrir si otros loros reales que anidan en otras áreas del Petén también migran. También se pregunta si otros miembros de la familia Psittacidae, tal como las lapas rojas, comparten esa necesidad de diferentes tipos de hábitats, que parecen ser iguales para la especie humana — que controla la manera en la que se usa la tierra — pero evidentemente tienen diferencias vitales las otras especies.

Contactos:

Robin Bjork
Dept. of Fisheries and Wildlife
Oregon State University
Corvallis, Oregon 97339 EEUU
Tel: 208/331-1038
Email: rdbjork@hotmail.com

Trópico Verde
Tel-Fax: 502/634-1444
Email: mailto@tropicoverde.org

Lea más sobre esta investigación en el Eco-Index.

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