Planes Ambiciosos para Rescatar los 700 Kilómetros del Arrecife Mesoamericano del Caribe a lo Largo de Cuatro Países

El segundo arrecife coralino más grande del mundo se encuentra en el mar Caribe, extendiéndose por más de 700 km desde la península de Yucatán hasta las Islas de la Bahía en la costa norte de Honduras. Aún cuando mide un tercio de lo que mide la Gran Barrera Arrecifal de Australia, el Arrecife del Caribe Mesoamericano alberga una gran diversidad de organismos, incluyendo 60 tipos de corales y más de 500 especies de peces. El ecosistema también es el sitio de dos grandes iniciativas internacionales de conservación, una ya bien establecida y otra se está iniciando.

Ilustración por Allan Núñez ('Nano')En 1998, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) identificó al arrecife del caribe mesoamericano como un ecosistema prioritario y una eco-región de importancia global, por lo que comenzó un esfuerzo de conservación y manejo del arrecife al largo plazo. El proyecto de WWF cuenta con el patrocinio de las fundaciones tales como Summit, MacArthur, Packard, y Avina, además del Ocean Fund, y se ejecuta en cooperación con grupos y gobiernos locales de los cuatro países cuyas costas orientales se extienden frente al extenso arrecife — México, Belice, Guatemala y Honduras. Desde la oficina del WWF en Guatemala, la coordinadora Sylvia Marín explica que inicialmente hubo un gran esfuerzo para contactarse y trabajar con los expertos de los cuatro países “para establecer una visión eco-regional, que desde entonces ha sido adoptada por las organizaciones locales que quieren trabajar juntas y que ahora están traduciendo esta visión de conservación en acciones concretas”.

Marín indica que desde el inicio el proyecto tuvo sus éxitos, particularmente en México, donde WWF facilitó un acuerdo de co-manejo entre las cooperativas de pescadores y los administradores de la Reserva de la Biósfera Banco Chinchorro, en las aguas cercanas a la costa sur oriental de la península de Yucatán. Banco Chinchorro es el arrecife más rico de México, en el cual se alojan 95 especies de coral y es el sito de reproducción de más de 200 especies de peces. Sus lagunas y playas también son importantes hábitats para aves locales y migratorias y tres especies de tortugas marinas. La pesca ilegal en la reserva se ha reducido mucho, y WWF está trabajando en obtener eco-certificaciones para los pescadores de langostas que siguen las rigurosas regulaciones que aseguran que las poblaciones de estos valiosos crustáceos no sean destruidas. Más hacia el norte de Yucatán, el proyecto ha iniciado un estudio de tendencias del desarrollo del turismo costero en Cancún y otros destinos populares del estado de Quintana Roo.

En Cayos Cochinos, un archipiélago de pequeñas islas y cayos en las aguas costeras del Caribe Hondureño, WWF está trabajando con la Fundación Hondureña para los Arrecifes Coralinos — un grupo conservacionista local — las autoridades de gobierno, y los pobladores locales, con el fin de manejar este rico ecosistema y las actividades de pesca de pequeña escala. Según Adoni Cubas, director de la fundación, el arrecife es sumamente importante a nivel nacional, debido de que atraen muchos turistas. “Más local”, añade, “hay comunidades de grupos étnicos, garífuna y miskitos, que dependen mucho de las actividades de pesca.”

Al norte, en Guatemala, WWF capacita especialistas en el manejo de los humedales costeros, ya que la relativamente pequeña porción de costa caribeña está cubierta de ricos estuarios y pantanos. Conjuntamente con la organización estadounidense “The Nature Conservancy”, WWF ayudó a obtener protección para Gladden Spit en Belice, una zona en la que desovan meros y pargos en una agregación reproductiva de tal magnitud, que atrae tanto a tiburones ballena hambrientos, como a turistas buceadores ansiosos de ver a estos enormes las grandes peces.

Según Marín, uno de los triunfos políticos más importantes del proyecto culminó con un evento público llevado a cabo en febrero del 2000 en las ruinas mayas de Tulum, en México. Allí WWF honró a los gobiernos de México, Belice, Guatemala y Honduras, y a la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), por su compromiso político de manejar y proteger conjuntamente el Sistema Arrecifal del Caribe Mesoamericano. WWF celebró esto compromiso oficial como “Un Regalo para la Tierra”. Marín dice que la gran visibilidad pública que rodeó a la ceremonia sirvió tanto como “un reconocimiento público de los esfuerzos de los gobiernos, como también de recordatorio del compromiso asumido por todos ellos”.

De hecho la CCAD, cuyos miembros son los ministros de recursos naturales de los siete países centroamericanos, está iniciando otro gran esfuerzo para proteger el Arrecife del Caribe Mesoamericano. El proyecto de la CCAD, trabajando de manera muy cercana con los gobiernos nacionales y locales, busca fortalecer la protección de los ecosistemas más vulnerables del arrecife y ayuda a los gobiernos de México, Belice, Guatemala y Honduras para que armonicen sus leyes y políticas nacionales que afectan a los recursos del arrecife. La iniciativa sólo tiene unos pocos meses de haber iniciado y es financiada por una donación de US$10,3 millones de dólares, para un período de seis años, que es brindada por la Facilidad Ambiental Global, un fondo del Banco Mundial y las Naciones Unidas.

De acuerdo con el secretario ejecutivo del CCAD, Mauricio Castro, los dos proyectos aún no han coordinado sus esfuerzos tan bien como debieran, pero reconoce que deben trabajar de manera más cercana. Y agregó “nuestra intención es involucrar a tanta gente como podamos”.

Marín está de acuerdo con que la colaboración con la CCAD es vital y ya está en camino. “Considerando la magnitud de amenazas que enfrenta el arrecife, y los relativamente limitados presupuestos con que contamos para combatir esos problemas, debemos coordinar nuestros esfuerzos todo lo que sea posible, sino estaríamos desperdiciando nuestro tiempo”, dice.

Señala que la deforestación, la contaminación de las aguas costeras, el calentamiento global, la sobre explotación pesquera, y la construcción de caminos y edificios son las principales presiones para los arrecifes. La deforestación y las construcciones envían toneladas de tierra al mar, a través de los ríos y otras vías acuáticas. Los sedimentos cubren y sofocan al arrecife, matando a los corales y destruyendo los criaderos de los peces. Además, cuando los bosques son reemplazados por fincas, industrias, hoteles y casas, los contaminantes mortales, tales como químicos y aguas servidas, también se descargan al océano.

Los científicos han demostrado que los arrecifes de coral son extremadamente sensibles a los cambios de las temperaturas del agua. Cuando los océanos se calientan más de lo usual, los arrecifes sufren un fenómeno de estrés conocido como blanqueamiento coralino. Aunque a menudo los corales se pueden recuperar de este proceso, en casos extremos, mueren. Durante las últimas dos décadas han aumentado, de manera sustancial, los informes sobre el blanqueamiento coralino; los científicos acusan a los fenómenos meteorológicos conocidos como El Niño y al cambio climático global, del aumento de las temperaturas en la superficie de los océanos.

Marín hace notar que “la mayoría de las discusiones internacionales sobre el cambio climático global se han concentrado en el uso de la tierra, los bosques y las tecnologías limpias, pero el impacto en el ambiente marino hasta ahora ha sido ignorado. Sin embargo, sabemos que los arrecifes de coral, alrededor de todo el mundo, serán los primeros ecosistemas que perderemos debido a los efectos del cambio climático”.

A pesar de los retos, ella continúa optimista. “Diría que podemos lograr nuestras metas para los próximos cinco o diez años, si consolidamos las áreas protegidas costeras y marinas, y si trabajamos con los sectores turísticos y agroindustriales, para controlar la contaminación y reducir la pérdida de hábitat”. Los líderes del proyecto ya han comenzado el diálogo con algunas industrias agro-exportadoras, así como también con compañías de barcos cruceros para promover cambios en sus prácticas.

No es fácil promover la conservación de un ecosistema que la mayoría de las personas nunca verá. “El arrecife es un concepto, es algo que se ve en las películas de Jacques Cousteau o en el Canal Discovery, pero no es una realidad palpable para la mayoría de la gente”, dice Marín.

A pesar del inmenso valor económico que tiene el Arrecife del Caribe Mesoamericano para la gente, en términos de pesca y turismo; a pesar del trabajo de WWF y de CCAD; a pesar del compromiso de los cuatro gobiernos, los trabajos con los recursos de conservación de la región continúan enfocados en la tierra, el bosque, las políticas agrícolas. Como dice Marín “El mar todavía es una cuarta o quinta prioridad”. Añade: “Sin embargo esto está cambiando y observamos cada vez mayor interés en los jóvenes de conocer y proteger este valioso ecosistema”.

Contactos:

Sylvia Marín
WWF
5ta Ave. 20-17
Zona 14, Guatemala
tel: 502/333-4307
fax: 502/ 363-5015
wwfund@guate.net

Adoni Cubas
Honduras
tel: 504/443-4075
acubas@carirbe.hn

CCAD
Blvd Orden de Malta
No. 470 Santa Elena
Antiguo Cuscatlan
San Salvador, El Salvador mcastro@sicanet.or.sv

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