Marta Lilian Quezada, coordinadora del Proyecto AGUA (Acceso, Gestión y Uso racional del Agua), SalvaNATURA en El Salvador

Entrevista realizada por Diane Jukofsky, para Rainforest Alliance (Alianza para Bosques)

“Los donantes deben entender que después de los dos terremotos el país ya no es el mismo, ni se pueden priorizar de la misma manera los problemas en las comunidades…. Muchas de los líderes comunitarios que eran nuestros colaboradores han perdido sus pertenencias, sus viviendas, e inclusive, en algunos casos, perdieron a sus familiares”.

Dos devastadores terremotos golpieron El Salvador el enero pasado, resultando en los muertos de cientos de personas y la destrucción de miles de casas y otros edificios. En el siguiente, Marta Lilian Quezada describe cómo ella y sus colegas respondieron después de los terremotos, que impactaron las comunidades donde ellos han estado trabajando, tanto cerca del Parque Nacional El Imposible, como en la cuenca alta del Departamento de Usulután; cómo su experiencia con el proyecto ha ayudado en su respuesta inmediata; y cómo la trayectoria del proyecto ha tenido que ser ajustada después de la emergencia.

Quezada: El Proyecto AGUA involucra un equipo de 23 profesionales, entre educadores ambientales, ingenieros agrícolas y agroforestales, ingenieros civiles, biólogos, educadores en salud, sociólogos, trabajadores sociales, ecotecnólogos y comunicadores sociales. Tres de nosotros estábamos en el campo, específicamente en la zona de Ahuachapán a las 11:30 del sábado 13 de enero, hora del terremoto. Manuel Escamilla y Remberto Erazo, dos ingenieros agrónomos, tomaron sus motocicletas y de manera inmediata visitaron a los 40 agricultores de las fincas demostrativas del Proyecto AGUA, para indagar los daños en sus viviendas y daños personales en las familias. A dos de los agricultores se les había caído sus casas por completo, y el resto tenían sus casas agrietadas.

Yo estaba en Apaneca haciendo los arreglos para un taller de educación ambiental, cuando comenzó la tierra a temblar. La casa donde me encontraba en ese momento se derrumbó solamente unos segundos después de que las dos personas que estaban conmigo y yo lográramos salir. El movimiento de tierra fue muy prolongado. Yo veía la casa derrumbada y la calle moviéndose con un movimiento ondulatorio. La gente salía de sus casa, todos muy asustados, algunos gritando que era el fin del mundo. Por lo menos, durante 45 minutos me sume a los grupos de ciudadanos que reaccionaron de inmediato para sacar de entre los escombros a los golpeados y heridos, para atender a las personas con histeria, trataba de estar controlada y manejar mis propios miedos. Por esos minutos olvidé a mi familia. No pude tener la dimensión de que el evento era a nivel nacional — creo que no habíamos tenido un terremoto a escala nacional en la historia de mi país. Intenté comunicarme con mis hijas vía telefónica, sin éxito. Por la radio guatemalteca me enteré que la destrucción era generalizada y decidí partir para San Salvador. Después de un largo viaje de 7 horas, múltiples paradas de auxilio, derrumbes en las carreteras, más temblores fuertes y congestionamientos, logré llegar a casa.

Antes de 24 horas, ya estábamos movilizándonos hacia Usulután, que es donde tenemos también trabajo como proyecto y donde realmente los daños por el terremoto fueron terribles. Hector Aguirre, Ricardo Mejía y Oscar Sánchez partieron con los primeros pick up con alimentos, agua potable y ropa para auxiliar a las comunidades de Santiago de María.

Lo que habíamos visto en Ahuachapán, era poco con relación a lo que vimos al llegar a Santiago de María. Un 85 por ciento de las casas estaban en el suelo. Inmediatamente comenzó el acompañamiento a las comunidades y a los gobiernos locales, en la movilización de ropa, alimentos, frazadas, colchonetas, medicamentos, plástico para techo y agua potable, utilizando todos nuestros pick up.

También hemos apoyado la organización de los gobiernos y organizaciones locales, para conformar los comités de emergencia. Asimismo apoyamos a los comités en la generación de información a través de censos de daños en viviendas y otra infraestructura, diagnóstico de la infraestructura de agua potable, diagnóstico de daños ambientales (localización de derrumbes y deslaves en zonas de laderas) y en la gestión de viviendas provisionales y otras necesidades básicas.

Hasta el momento, estamos proveyendo de agua potable, a diferentes comunidades cuyos sistemas se inhabilitaron. Hemos iniciado la rehabilitación de sistemas dañados y la construcción de tanques de captación de aguas de lluvia, que colapsaron.

Hemos desarrollado una campaña en 11 comunidades para asegurar la calidad del agua consumida, previniendo problemas de salud en las personas. Esta campaña de “agua segura” ha sido posible por el apoyo dos organizaciones: Intenational Center en Washington y AHASA de Honduras, quienes han donado hipocloradores y han aportado sus experiencia y conocimientos en relación al establecimiento de bancos de cloro y capacitación comunitaria.

Pregunta: ¿Cómo puede incorporar este tipo de trabajo en sus metas originales del proyecto?

Quezada: Eso es un problema. Parte de los trabajos de la emergencia, no los podemos incorporar en nuestras metas. Nuestro donante está claro que no nos quiere trabajando en esto, sino el la consecución de las metas del proyecto. Sin embargo, algunas de nuestras nuevas actividades, por la emergencia, pueden ser parte del trabajo del proyecto, como por ejemplo el asegurar la calidad y el abastecimiento del agua para las comunidades; así como también el apoyo al fortalecimiento de las organizaciones locales y el enlace entre estas y las instituciones y organizaciones nacionales e internacionales.

También lo que hemos hecho en término de la identificación de riesgos por derrumbes y deslaves puede considerarse dentro del plan establecido; pero lo que está relacionado con la vivienda, que es lo más grueso en este momento, está fuera de programa. Todo el tiempo y los recursos invertidos en el apoyo a la instalación de albergues temporales, ingeniería civil para desarrollar programas de vivienda y formulación de proyectos para la gestión de fondos necesarios para vivienda permanente, elaboración y ejecución de planes de saneamiento ambiental, entre otras cosa, lo estamos haciendo en nuestros días libres, en horas de la noche, con nuestros propios recursos, porque estamos comprometidos con las personas con quienes hemos estado trabajando por casi dos años.

P: ¿Pero su donante entiende que es imposible avanzar su proyecto con gente que no tiene hogares ni escuelas?

Quezada: Estamos negociando una reprogramación de metas, indicadores y fondos. Los donantes deben entender que después de los dos terremotos el país ya no es el mismo, ni se pueden priorizar de la misma manera los problemas en las comunidades. En principio, para trabajar en las tareas de la emergencia planteamos que era necesario crear las condiciones mínimas para reiniciar el trabajo en el proyecto; además se ha hecho necesario realizar un diagnóstico de daños al proyecto en si mismo. Muchas de los líderes comunitarios que eran nuestros colaboradores han perdido sus pertenencias, sus viviendas, e inclusive, en algunos casos, perdieron a sus familiares. No tienen la comida asegurada para el día; y algunos, ya han emigrado a otros territorios. Muchas de las obras de conservación de suelos ya establecidas se han perdido por los derrumbes.

En la actualidad, las personas no están listas para pensar en el desarrollo local, en la participación ciudadana, en el manejo de suelos. A pesar de eso si hemos logrado movilizar, en algún sentido, a algunas comunidades. No sabemos que va a pasar mañana; cada momento es una situación especial. Hemos tenido dos terremotos y los temblores siguen y siguen. Hay una incertidumbre total en la población. Tenemos que lidiar también con el espíritu de la población. Las personas que tienen un bajo nivel de escolaridad, tienden a creer mucho en los rumores y que ya se terminó la posibilidad de vida, y que no van a sembrar porque para que si lo van a perder, si no van a seguir viviendo. Hay una desesperanza total con lo que también estamos trabajando.

P: ¿Qué piensa sobre las posibilidades de continuar con el proyecto AGUA?

Quezada: Posibilidades tenemos — pienso que es una buena oportunidad. Estamos hablando de planificación y manejo de microcuencas con participación de todos los actores en la cuenca y entendiendo a la cuenca como un territorio donde se dan una serie de interrelaciones, actividades educativas, productivas. Ahora en El Salvador, con los desastres continuos que tenemos, los profesionales, los académicos y las comunidades, se está entendiendo nuestra relación como sociedad con el medio ambiente y es una oportunidad para el desarrollo de la conciencia de las personas. Es una oportunidad para que los gobiernos locales entiendan que se requiere una legislación local para la conservación de los recursos. Es una oportunidad de más para que la gente entienda la interrelación entre los diversos recursos naturales y la forma en que nosotros lo manejamos.

Cuando hablamos de desarrollar planes de manejo de las cuencas hidrográficas, estamos proponiendo la conservación del agua, pero también viendo la cuenca en su globalidad, con una visión holísitica, lo que involucra la prevención de los desastres.

En El Salvador el deterioro del medio ambiente incrementa la vulnerabilidad ambiental y social. La utilización de las zonas de laderas (es un país topográficamente irregular) para la producción de granos básicos y construcción de vivienda, y la consecuente pérdida de la cobertura vegetal en dichas zonas, realmente afecta, y es ahí donde hay mayores daños en términos de derrumbes, deslaves, y lamentablemente en términos de vidas humanas. Por ejemplo, lo que pasó en Las Colinas: La gente que compró su vivienda ahí, lo hizo porque sentía que tenía la montaña en su patio trasero y la montaña se deslizó de tal manera que murieron soterrados varios cientos… todavía hay desaparecidos.

Los terremotos no se pueden predecir ni prevenir, pero el impacto es mayor porque hemos deteriorado, de uno u otro modo los recursos naturales. Hacer entender esto, también es nuestra tarea dentro de las comunidades que tienen bajos niveles de escolaridad y educación. Que no se siga creyendo que esto un castigo divino, que se vea como una reacción de la tierra por la misma relación que hemos establecido con nuestros recursos naturales, con nuestras montañas y nuestros bosques.

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